1. La Puta del Sr. Alcalde


    Fecha: 10/08/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Deva Nandiny, Fuente: TodoRelatos

    ... lo detuve. Solo seguí bailando, con la garganta seca y el corazón dándome pequeños golpes sordos en el pecho. Fue entonces cuando lo sentí.
    
    Ese calor. Esa punzada que te sube desde las piernas y te aprieta por dentro, como si algo se despertara en ti sin entenderlo. Como si el cuerpo recordara cosas que una había decidido olvidar. Como si los años desaparecieran y, por un momento, no fueras madre, ni esposa, ni señora de nadie. Solo una mujer. Deseada.
    
    Yo lo noté. Juro que noté su erección. Noté cómo él sabía exactamente lo que estaba provocando. Cómo me rodeaba con esas manos grandes, rugosas, de hombre que trabaja al sol. Cómo acercaba su pecho al mío con una lentitud calculada. Cómo me olía el pelo, y me hablaba en voz baja, como si me conociera por dentro.
    
    No sé si fue su voz, su cercanía o esa sensación de estar bailando al borde de algo que no debía… pero asentí.
    
    Y seguimos bailando. Solo un poco más.
    
    —No sé cómo Antonio te deja sola con este cuerpo… —Susurró.
    
    Y me temblaron las rodillas.
    
    Quise reírme, contestarle algo ingenioso. Decirle que no fuera tonto, que eso no se decía. Pero no dije nada. Porque, en el fondo, lo que de verdad me asustaba… era que llevaba años sin escuchar algo así. Y me gustó. Me gustó demasiado.
    
    —Parece que refresca —dijo entonces, por decir algo.
    
    —Sí… —murmuré, y él se acercó un poco más—. Pero tú estás calentita, ¿eh?
    
    La frase me pilló por sorpresa. No supe si era una insinuación o una simple tontería. Pero no ...
    ... dije nada. Tampoco me aparté.
    
    Entonces noté cómo apretaba un poco más las manos. Cómo bajaban medio centímetro. Cómo su pecho rozaba el mío con cada paso lento al ritmo de la canción.
    
    —No te veía desde hace tiempo —murmuró—. Estás muy guapa, Carmen. Muy hembra.
    
    Bajé la mirada. Me incomodaba. Pero también me gustaba. Sentí un calor extraño en las mejillas. Un cosquilleo en la boca del estómago. Hacía mucho que nadie me hablaba así. Hacía mucho que no me sentía tan... mirada.
    
    No recuerdo qué canción sonaba cuando se acercó aún más. Puede que fuera una de esas lentas, antiguas, que se ponen al final, cuando ya sólo quedan los rezagados, los que no tienen prisa por volver a casa.
    
    Tampoco recuerdo si fui yo quien se dejó caer un poco contra su pecho, o si fue él quien me rodeó con más firmeza. Pero sí recuerdo la forma en que su mano se deslizó por mi espalda, como si quisiera abrazarme entera. Como si supiera que algo en mí ya no estaba del todo firme.
    
    Fue entonces cuando me miró. No fue una mirada obscena, ni descarada. Fue una mirada seca. De hombre. De deseo sin palabras. Me recorrió con los ojos y apretó un poco más su cuerpo contra el mío. Sentí su muslo rozando el mío. Sentí el calor de su respiración, muy cerca del hueco de mi cuello.
    
    Y no me aparté.
    
    Nos quedamos así, quietos, con la música envolviéndonos y la plaza vaciándose a nuestro alrededor. La orquesta ya recogía. Algunas luces se habían apagado. El aire se había vuelto más frío, y la gente ...
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