1. La Puta del Sr. Alcalde


    Fecha: 10/08/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Deva Nandiny, Fuente: TodoRelatos

    ... sola en la plaza, con ese vestido pegado al cuerpo… no he pensado en otra cosa que en follarte.
    
    Lo dijo así, sin tapujos, sin pausa. Como quien lanza una verdad incómoda en mitad del silencio.
    
    —¿Y tú detectas a simple vista quién está bien follada y quién no? —bromeé, fingiendo indignación.
    
    —Eso salta a la vista. A ti te pasa como a Gloria, la de la farmacia —añadió, muy serio—. Se nota de sobra que el Nicolás no atiende a su hembra como se merece.
    
    Por un momento, pensé en la pobre Gloria.
    
    Ella era de esas mujeres que siempre estaban perfectamente peinadas. Ni una horquilla fuera de sitio, ni una gota de sudor en la frente. Llevaba el pelo teñido de un rubio muy claro, demasiado claro para su edad, y unas uñas rojas tan afiladas que parecían armas. Siempre vestía igual: pantalones entallados y blusas con escote, aunque tapadas con una bata blanca de farmacia que no lograba ocultar ni su silueta ni sus ganas. Se movía como si fuera consciente de cada paso, cada mirada. Pero sus ojos… sus ojos decían otra cosa. Miraban demasiado. Buscaban. Como si hiciera años que nadie los apagaba con un buen polvo.
    
    —¿Tú crees? —pregunté, volviendo a él—. ¿Y qué delata a una mujer mal follada?
    
    Paco me miró, ladeando la cabeza. Se acercó un poco más. Su voz bajó el tono.
    
    —Camina apretada. Mira con hambre. Y sonríe poco. Las que están bien atendidas se nota en la piel, en los ojos, en cómo mueven el culo sin querer. Tú, Carmen… tienes una mezcla peligrosa. Estás ...
    ... deseando que te lo hagan como Dios manda. Y al mismo tiempo… sabes lo que vales.
    
    Sentí un escalofrío. No por el frío. Sino por la claridad con la que me lo decía. Porque sí. Tenía razón. Y lo sabíamos los dos.
    
    —¿Y qué harías tú conmigo, si yo te dejara? —pregunté, casi sin voz.
    
    Él se acercó, rozándome con su cuerpo.
    
    —Lo que no te han hecho en veinte años de matrimonio. Empotrarte contra esta pared hasta hacerte llorar del gusto.
    
    —Calla ya, por Dios —susurré, riendo—. Eres un burro.
    
    —Pero un burro que te pone cachonda. ¿A que sí?
    
    No dije nada. Lo miré. Me mordí el labio otra vez. Y seguí caminando. Más despacio. Como si necesitara más tiempo. Como si deseara que no llegáramos nunca.
    
    —Me obsesionan tu culo y tus tetas desde hace años —continuó, como si se confesara—. La de pajas que en todo este tiempo te habré dedicado.
    
    No supe qué decir. Me giré para decirle que parara, que se estaba pasando, pero su mirada me desarmó. Tenía esa forma de mirarme como si ya me hubiera tenido. Como si su cuerpo supiera cosas del mío que ni yo sabía.
    
    No sé cómo ocurrió. O sí lo sé, pero prefiero decir que fue el viento. O la música que aún se oía a lo lejos. Fue en una callejuela oscura, cerca del viejo depósito. Él se detuvo. Me giró con una mano firme en el brazo y, sin decir nada, me besó. Me besó con hambre. Con años de ganas guardadas. Con lengua. Con cuerpo. Con rabia.
    
    Yo no lo rechacé. Al contrario.
    
    Sentí cómo mis labios respondían solos, cómo mi cuerpo se le ...
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