1. Bienvenidos a su nuevo hogar (INICIO)


    Fecha: 17/08/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    ... piernas para disimular la erección.
    
    —¿Vemos una película? —propuso Susana, sentándose en el sofá de dos plazas.
    
    —Va —dijo Luis, y buscó algo en la app de streaming, sin poder concentrarse.
    
    Eligieron una comedia romántica, pero la película era un ruido de fondo. La verdadera acción estaba en el sofá. Se sentaron juntos, separados sólo por un cojín delgado. A los pocos minutos, Susana cruzó la pierna sobre el muslo de Luis, rozándolo con el pie descalzo. El hijo sintió la electricidad del contacto, un calor punzante que le subió por la ingle y le encendió la cara.
    
    La película avanzaba. En la pantalla, los personajes se besaban y peleaban, pero en la sala la tensión era mucho más feroz. Cada vez que Susana se movía, la camiseta se subía un poco más; cada vez que reía, el busto bailaba bajo la tela, los pezones marcando el ritmo. Luis no podía dejar de mirar. Sentía los ojos secos de tanto parpadear, el pulso acelerado y el pene apretado contra el elástico del boxer.
    
    A mitad de la película, Susana se acomodó de lado, poniendo la cabeza en el respaldo del sofá y el muslo en el regazo de su hijo. Luis quedó inmovilizado. No sabía si abrazar a su madre, apartarse, o quedarse muy quieto y esperar a que todo fuera un sueño. Eligió la última opción.
    
    La madre jugaba con el pelo, enredándolo en los dedos, y cada tanto lo miraba de reojo, como si lo invitara a decir algo. Pero Luis no dijo nada. Sólo respiraba lento, intentando controlar la erección, que ya no era ...
    ... disimulable. Se cubrió con un cojín, pero sabía que Susana podía ver el bulto bajo la tela.
    
    —¿Te incomodo? —preguntó ella, casi en susurro.
    
    —No… —dijo Luis, con la voz raspada.
    
    —¿Seguro?
    
    Luis asintió, incapaz de hablar. La madre le sonrió, suave, y dejó caer la mano sobre el muslo de él, sólo un segundo. Suficiente para encenderlo.
    
    La película terminó con una boda ridícula, y los créditos pasaron sin que ninguno de los dos se moviera. Luis sintió que podía quedarse así toda la noche, con el cuerpo de su madre tan cerca, el aroma de la piel, el calor de la pierna en su regazo. Pero Susana se incorporó de golpe y se estiró, brazos arriba, dejando que la camiseta se subiera casi hasta el ombligo.
    
    —Bueno, a dormir —dijo, como si no pasara nada.
    
    Luis la miró irse al cuarto, las nalgas perfectas moviéndose bajo el encaje. Se quedó un rato en el sofá, temblando, la cabeza llena de imágenes y el boxer húmedo de preseminal. Se preguntó si todo era un experimento, una forma torcida de terapia. O si la madre sentía lo mismo.
    
    Se fue a la cama, pero no pudo dormir. Se masturbó dos veces, la segunda sólo para asegurarse de que no era un sueño.
    
    Capítulo 3:
    
    El apartamento se convirtió en una pecera de cuerpos semidesnudos y respiraciones contenidas. Las costumbres de la desnudez forzada se afianzaron como si fueran ley física: Luis caminaba en bóxers a cualquier hora, aprendiendo a disimular las erecciones súbitas con la naturalidad de quien oculta un arma; Susana, en ...
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