1. Bienvenidos a su nuevo hogar (INICIO)


    Fecha: 17/08/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    ... aterrorizado. Un vértigo dulce.
    
    El resto del día transcurrió como una sala de espera, con Luis recorriendo el apartamento en ropa interior, midiendo el impacto de su desnudez recién estrenada. Al principio, la sensación de libertad le resultó deliciosa. Al final, la incomodidad lo venció: volvió a ponerse unos boxers, de esos gastados y suaves, ya que era súper incómodo que el culo se le pegara a los muebles cuando se sentaba, o que el pene y los testículos tocaran las superficies y que se bambolearan sin control.
    
    La tarde cayó densa y azul, y el departamento se llenó de ruidos ajenos: la licuadora de la vecina, un grito de gol en algún partido lejano, el zumbido del refrigerador nuevo. Susana pasó buena parte de la tarde en el balcón, regando unas plantas diminutas que había comprado en el tianguis.
    
    Para la cena, prepararon algo rápido: pechuga de pollo al sartén, verduras congeladas, arroz blanco. Comieron frente a la tele, en la mesa baja del salón, como si fueran roomates en vez de madre e hijo. Hacía semanas que no hablaban de nada importante, y la conversación fue una secuencia de lugares comunes: “¿Te acuerdas de fulanito?”, “La vecina del 4B tiene perro nuevo”, “¿Quién lava los trastes hoy?”
    
    Pero todo era fachada. Entre frase y frase, Luis notaba los ojos de su madre siguiéndolo, medidos, precisos. Sentía el brillo de la atención sobre su nuca, el escaneo minucioso de su torso apenas cubierto por la camiseta vieja. Él tampoco podía evitar mirar: cada vez ...
    ... que Susana levantaba el tenedor, el escote de la camiseta revelaba más de lo necesario; cada vez que reía, el busto subía y bajaba, desafiante, como si respirara aparte.
    
    Terminada la cena, Luis se ofreció a lavar los trastes y Susana aceptó, con una sonrisa ladeada. Ella fue a su cuarto a “ponerse cómoda”, y cuando salió de nuevo al salón, el hijo casi escupió el agua que estaba bebiendo.
    
    Susana había dejado la vergüenza en el clóset. Llevaba puesta una camiseta blanca, de esas promocionales que regalan en las campañas de salud, y debajo sólo unas braguitas rosas, tipo culotte, de encaje semi-transparente. Las nalgas parecían suspendidas en el aire, contenidas apenas por el encaje que cortaba la carne como un listón de regalo. La camiseta era tan delgada que los pezones se marcaban, duros y perfectamente definidos, casi reclamando su propia existencia.
    
    Luis se quedó mirándola, boquiabierto, y la madre notó el efecto.
    
    —¿Qué? —preguntó, con falsa inocencia.
    
    —Nada… —balbuceó Luis—. Es que, pues, estás muy… suelta.
    
    Susana se encogió de hombros, haciendo que los pechos temblaran bajo la tela.
    
    —Lo mismo que tú. Acuérdate que estamos “acostumbrándonos”.
    
    La frase, que en la mañana le había parecido una broma, ahora era una declaración de guerra. Luis no pudo dejar de mirarla: la piel tersa de los muslos, la curva rotunda de las nalgas, el triángulo oscuro del pubis asomando apenas bajo el encaje. El pene comenzó a endurecérsele, y tuvo que sentarse cruzando las ...
«12...8910...15»