1. Bienvenidos a su nuevo hogar (INICIO)


    Fecha: 17/08/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    ... menos hostil. Susana se pasó la mano por la frente, como si intentara despejar las ideas.
    
    —¿Y… has intentado hacer algo? —preguntó, bajando la voz casi a un susurro.
    
    Luis arqueó una ceja, confundido.
    
    —¿Qué cosa?
    
    —Pues… ya sabes, masturbarte o algo así.
    
    La palabra cayó como una piedra en el lago. Luis sintió que la cara se le encendía.
    
    —Sí, pero me da mucha pena. O sea, eso sí me da pena porque siento que no tengo privacidad… aunque sé que no vayas a verme o así me siento… expuesto.
    
    Susana asintió, esta vez comprendiendo la magnitud del problema.
    
    —Bueno, igual podrías hacerlo cuando no estoy —sugirió ella, en tono práctico, casi como si hablara de lavar los trastes—, o cuando me meto a bañar, o salgo a comprar algo.
    
    Luis negó con la cabeza, resignado.
    
    —Es que no se puede programar, ma. No es como que diga “a las cinco me voy a excitar” y ya.
    
    El absurdo de la frase los hizo reír a los dos, pero era una risa nerviosa. Susana dejó caer la mano sobre el muslo de Luis, un gesto de consuelo que duró apenas un segundo, pero que bastó para que Luis sintiera el calor de la piel filtrarse a través del boxer.
    
    —No se me ocurre nada más… al menos hasta que arreglemos lo de las puertas, no debe pasar de este mes…—dijo ella, sonando casi maternal.
    
    —Sí… entiendo, no te preocupes.
    
    —No sé si te ayude —dijo Susana, medio en broma—, pero bueno. Si algún día se te antoja, sólo avísame y salgo a dar una vuelta.
    
    Luis sintió una mezcla de alivio y ...
    ... derrota.
    
    —Gracias, ma —murmuró, mirando el suelo.
    
    La conversación flotó en el aire unos segundos más, pero ya estaba muerta. Luis se levantó, sintiendo el peso del cuerpo de su madre todavía en la cama, y se fue al cuarto, el boxer tenso y el corazón bombeando a ritmo de alarma.
    
    Cuando llegó a su cama, el cuerpo no le permitió dormir. Afuera, en el otro cuarto, Susana permaneció despierta mucho tiempo, mirando el techo, pensando en lo que acababan de decirse, y preguntándose si había hecho bien en normalizarlo todo tanto.
    
    El día transcurrió bajo la apariencia de otra jornada normal. Luis y Susana intercambiaron palabras sueltas —una pregunta sobre la lista del supermercado, un comentario anodino sobre el clima, la inevitable queja de que el agua caliente tardaba demasiado en llegar a la regadera.
    
    Por la tarde, Luis se encerró en su cuarto y fingió estudiar, aunque en realidad pasó horas viendo videos en el celular.
    
    Cuando llegó la noche, Luis dejó el teléfono en la mesa de noche y se acostó boca arriba, los brazos cruzados detrás de la cabeza. Tenía calor, aunque el ventilador giraba en la esquina del cuarto y removía el aire con intermitencia de abanico roto. Miró el techo, contando las manchas de humedad, esperando que el sueño lo asaltara de una vez.
    
    No hubo aviso. Sólo la presencia súbita de Susana en la puerta, detenida en el umbral sin ninguna intención de entrar o de salir. Vestía unas bragas rosas tipo culote, de esas que enmarcan la carne en vez de ...
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