1. Bienvenidos a su nuevo hogar (INICIO)


    Fecha: 17/08/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    ... esconderla, y arriba sólo una blusa de algodón, blanca y floja, tan delgada que cualquier sombra se adivinaba bajo la tela. No traía sujetador, y Luis sintió que la sangre le subía al rostro y, en respuesta automática, también a la entrepierna.
    
    —¿Ya estás dormido? —preguntó Susana, aunque era evidente que no.
    
    —No, pasa.
    
    Ella entró, con pasos descalzos, y se sentó en la orilla de la cama, hundiendo el colchón de inmediato. El muslo de Susana rozó la pierna de Luis, y el calor de la piel fue como una descarga eléctrica. No hubo saludo, ni siquiera preámbulo. Susana miró al piso, luego al hijo, luego otra vez al piso.
    
    —Estuve pensando lo de ayer —dijo, bajando la voz a un susurro—, lo de… tu problema.
    
    Luis se incorporó un poco, apoyándose en los codos. Había una vena azulada en la ingle de su madre, apenas visible bajo la piel, que le capturó la atención de manera estúpida.
    
    —¿Sí?
    
    —Creo que es mejor que lo afrontemos de una vez. Como con lo de las puertas. Si lo ignoramos, sólo va a empeorar.
    
    Luis no supo qué decir. Se encogió de hombros, luego se tapó con la sábana hasta la cintura, intentando esconder la erección.
    
    —¿Qué propones? —preguntó, voz quebradiza.
    
    Susana lo miró, midiendo cada milímetro de reacción.
    
    —Podríamos… no sé… hacer el ejercicio aquí. Ahora.
    
    Luis sintió que el corazón se le iba a salir del pecho.
    
    —¿El ejercicio… de qué?
    
    —Lo que hablamos. Masturbarte, pero sin esconderte. Si lo hacemos una vez, se te va a quitar la ...
    ... vergüenza después. Así es siempre… ¿no?
    
    Luis abrió los ojos, dudando si todo era una trampa o un sueño.
    
    —¿Quieres… que lo haga ahorita? ¿Aquí?
    
    Susana asintió, muy despacio.
    
    —Sólo hazlo. Como si estuvieras solo.
    
    Luis tragó saliva. Sintió que las manos le sudaban, que la cara se le derretía en calor. Miró a su madre, que ahora lo observaba con una mezcla de ternura y desafío, como si no quisiera perder la compostura pero también necesitara ver hasta dónde podían llegar.
    
    —Va —dijo Lui.
    
    Sacó la mano de bajo la sábana y bajó el elástico del bóxer con un tirón rápido. El pene estaba duro, rojizo y palpitante, como si supiera que ahora tenía público. Susana hizo un esfuerzo visible por mantener la cara neutra, aunque Luis notó el temblor mínimo en la comisura de los labios.
    
    Puso la mano en la base del pene y empezó a masturbarse, lento, sin ritmo al principio, sólo para comprobar que de verdad estaba sucediendo. El aire del ventilador le enfriaba la punta, y el roce era más intenso de lo normal. Miró de reojo a su madre: ella no apartaba la mirada. Observaba con una concentración clínicamente objetiva, o al menos eso parecía.
    
    El primer minuto fue el más incómodo de su vida. Luego, la incomodidad se convirtió en otra cosa: la certeza de que nunca nadie lo había observado así, tan crudo, tan desprotegido. Luis aceleró el ritmo, los movimientos eran ahora más seguros, y de vez en cuando soltaba un pequeño jadeo al pasar el pulgar sobre el glande.
    
    —¿Está bien ...