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Bienvenidos a su nuevo hogar (INICIO)
Fecha: 17/08/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos
... así? —preguntó, sin dejar de moverse. —Sí. Haz lo que tengas que hacer —dijo Susana, sin variar el tono. Luis cerró los ojos, intentó concentrarse sólo en el placer, pero la respiración de su madre llenaba todo el cuarto, más fuerte que el propio jadeo de Luis. Abrió los ojos y la encontró inclinada hacia adelante, los codos apoyados en las rodillas, las manos entrelazadas y los nudillos blancos de tensión. El pene latía en su mano, ahora resbaloso de preseminal. Luis aumentó la velocidad, sintiendo que el clímax era inevitable, que nada podía detener el tren de sensaciones que venía directo hacia él. Pero justo cuando estaba a punto, el cuerpo le pidió pausa, como si supiera que algo más tenía que pasar antes. Se detuvo, temblando. —Todavía me da pena —confesó, bajando la voz a casi nada. Susana hizo un gesto de frustración, pero no dijo nada. —Perdón, es que… creo que necesito un estímulo más fuerte. —¿Cómo qué? Luis no pensó la respuesta. Simplemente la soltó, con la desesperación de quien ya no tiene nada que perder. —¿Puedes mostrarme tus tetas? El silencio fue absoluto. La piel de Susana se cubrió de un rubor violeta que ascendía desde el escote hasta las mejillas. Dudó, mordiéndose el labio inferior, y por un segundo pareció que iba a levantarse y largarse. Pero no. Se quitó la blusa con una sola mano, de un tirón, como si fuera una curita. Los pechos quedaron expuestos: grandes, redondos, firmes pese al paso de los años, los pezones ...
... rosados y erectos como respuesta al aire y a la situación. Luis sintió que el pene iba a explotar. —Gracias —susurró, y reanudó la masturbación, ahora sin freno. El movimiento era frenético. Luis no podía quitar los ojos del pecho de su madre, del modo en que los pezones se endurecían, del temblor mínimo que recorría los músculos del torso cada vez que él exhalaba fuerte. El olor a piel y sudor era denso, casi dulce. Entonces cruzó la línea, sin pensarlo, extendió una de sus manos directamente hacia el seno de su madre, estrujándolo con suavidad. Susana no supo reaccionar ante tal osadía. El pecho era perfecto, suave, redondo, sus dedos no podían cubrir la totalidad. El clímax llegó como un golpe de tambor: Luis gimió, el cuerpo entero se arqueó, y una ráfaga de semen salió disparada en tres chorros gruesos, manchando su abdomen, la mano derecha se aferraba a su verga, mientras que la izquierda aumentaba la presión del pecho materno. y parte de la sábana. El segundo chorro fue más débil, pero igual de caliente. Luis jadeó. Susana no se movió. Siguió mirando, sintiendo la mano invasora y atrevida como una ancla que la encadenaba a la realidad. La realidad caliente y cachonda del acto incestuoso (sí, esa era la palabra que rebotaba en su cabeza) Pasaron varios segundos antes de que nadie dijera nada. Luis bajó la mano, cubierto de semen, y miró a su madre. —¿Estás bien? —preguntó, voz temblorosa. Susana lo miró, luego miró sus propios pechos, y ...