1. Bienvenidos a su nuevo hogar (INICIO)


    Fecha: 17/08/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    ... el de una actriz porno; era el de una mujer de cuarenta y tantos años que había sobrevivido a un parto y tres mudanzas, pero seguía siendo hermoso en una forma brutalmente honesta. La espalda tenía una curva perfecta, rematada en unas nalgas todavía firmes. Las piernas, separadas un poco, mostraban el muslo tenso y la pantorrilla bien torneada. Entre ellas, el sexo de su madre (que se reflejaba en el espejo del tocador) estaba cubierto de vello oscuro, salvaje, como si se negara a aceptar cualquier regla de urbanidad.
    
    Luis tragó saliva y no pudo moverse. Era como estar viendo un animal exótico en su hábitat, sin la mediación de una jaula o una pantalla. Sabía que tenía que irse, pero el cuerpo se le congeló. Por un instante, Susana se enderezó y giró apenas, lo suficiente para dejar al descubierto el perfil de sus pechos. Eran grandes y redondos, aunque la gravedad empezaba a reclamar su parte. Los pezones, de un color rosado oscuro, parecían duros incluso en el calor de la tarde.
    
    Entonces Susana lo vio.
    
    Fue sólo una fracción de segundo: los ojos se encontraron, y el tiempo se detuvo. Susana dio un respingo y cubrió los pechos con los brazos, pero el resto del cuerpo quedó expuesto. La sorpresa en su rostro se diluyó en un gesto de resignación, como si ya estuviera cansada de pelear contra la mala suerte.
    
    —Ay, hijo —dijo, con la voz extrañamente tranquila.
    
    Luis retrocedió un paso, tropezó con el marco de la puerta y casi se cae de espaldas.
    
    —Perdón, no ...
    ... quise…
    
    Susana se agachó y recogió una toalla del piso, con la que se cubrió torpemente. Le sostuvo la mirada y, por un instante, Luis pensó que iba a reñirlo, que lo iba a humillar por el accidente. Pero su madre sólo suspiró, cerró los ojos y luego sonrió de lado.
    
    —Creo que vamos a tener que acostumbrarnos a esto, ¿no? —dijo ella, con un tono que no era del todo broma.
    
    Luis no supo qué decir. Sentía que la piel le ardía y que el corazón le iba a explotar. No podía mirar a su madre, pero tampoco podía dejar de pensar en ella.
    
    —Sí, supongo… hasta que pongan puertas —murmuró, esperando que la tierra se abriera bajo sus pies.
    
    Susana se cubrió mejor con la toalla y salió del cuarto, pasando junto a él por el pasillo angosto. Por un segundo, sus cuerpos estuvieron tan cerca que el perfume de ella le llenó los pulmones. Luis bajó la mirada, pero alcanzó a ver cómo la toalla apenas cubría la parte baja de las caderas.
    
    Ya en la cocina, su madre abrió el refri y sacó un yogur. Lo destapó y bebió directamente del envase, como si nada hubiera pasado.
    
    —¿Quieres algo? —preguntó, volteando a verlo con una expresión neutral.
    
    —No, gracias.
    
    Luis fingió buscar algo en la alacena y luego se escabulló de regreso a su cuarto. Cerró la puerta inexistente y se dejó caer en la cama, sintiendo la dureza de la erección latente bajo el pantalón corto. Le temblaban las manos.
    
    Intentó distraerse con el celular, pero la pantalla se nubló tras unos segundos. Cerró los ojos y repasó ...
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