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El apodo secreto
Fecha: 20/08/2026, Categorías: Hetero Incesto Sexo con Maduras Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... empujón suave, un suspiro contenido. Pero de pronto, se detuvo, frente a la puerta de la habitación que, rápidamente deduje, era la de su hijo. Así, en seco. Como si algo se hubiera encendido y apagado al mismo tiempo. Me miró, con esos ojos verdes cargados de algo que no supe leer del todo en ese momento. Lira me miró con una intensidad que no supe interpretar de inmediato, y luego, de repente, dijo algo que me dejó paralizado. —Sabes… —su voz era baja, casi un susurro, pero con una firmeza inesperada—. Estoy casi segura de que Lucas se está masturbando en este momento. Las palabras cayeron en el aire como una piedra en agua tranquila. La tensión en mi cuerpo se disparó, el calor de la habitación parecía multiplicarse de golpe. No sabía si reír, si preguntar más, o si simplemente seguir adelante. Pero su mirada me retuvo. Había algo en su expresión, algo entre la curiosidad y el desafío, que me hizo quedarme ahí, quieto, sin saber qué responder. Esas palabras, tan inesperadas, me pusieron a mil. El aire en la habitación se volvió espeso, como si todo lo que había dicho Lira hubiera encendido algo dentro de mí, algo que no se podía apagar tan fácilmente. Ella no dijo nada más, solo me miró, y luego, sin prisas, abrió la puerta de su habitación despacio. El crujido de la madera, el sonido suave de la puerta moviéndose, hizo que el momento pareciera aún más real, más cercano. Lucas apenas tuvo tiempo de cubrirse, sus pantalones estaban en sus ...
... tobillos, estaba sentado al frente del computador, así que solo podía utilizar sus manos. No dijo nada, solo se sintió profundamente avergonzado y se paralizó. En la pantalla del computador solo se veía desde mi posición lo que parecía ser un documento. Parece que el chico se masturbaba leyendo y de inmediato recordé lo que me había comentado Lira en el restaurante. Lira entró primero, y yo la seguí, sin poder dejar de pensar en lo que acababa de decir. Algo en la atmósfera había cambiado, y ahora todo entre nosotros parecía más arriesgado, más urgente. Lucas tenía su rostro rojo de vergüenza. Estaba quieto, como si el tiempo se hubiera detenido en ese preciso instante. Sus ojos evitaban los míos, y estoy seguro de que también evitaban sin mucho excito mirar el cuerpo de su madre, sus tetas. Su postura decía todo lo que no quería decir: estaba atrapado. Lira, con una calma impresionante, se acercó a él y se agachó, poniéndose a su nivel. Lo miró unos segundos, no con enojo, sino con una ternura que no podía esconder. —Lucas, cariño… —dijo suavemente, sin alzar la voz, para no hacerle sentir más incómodo—. Todos lo hacemos en algún momento. No tienes por qué sentirte mal. Solo es parte de crecer, ¿sabes? El chico asintió rápidamente, mirando al suelo, o a las tetas de Lira, pero en su rostro se dibujaba una mezcla de alivio y vergüenza. Lira lo acarició por la cabeza con una sonrisa cálida. —No me avergüenza, hijo. La próxima vez, no es necesario que te encierres, ...