1. El apodo secreto


    Fecha: 20/08/2026, Categorías: Hetero Incesto Sexo con Maduras Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... asegúrate de estar más tranquilo. Lo puedes hacer cuando quieras. ¿Está claro?
    
    Lucas asintió de nuevo, casi como si se hubiera liberado de un peso invisible. Lira, aun sonriendo, lo levantó de su silla. Lo abrazó. No había percibido que Lucas también era más pequeño que los niños de su edad, evidentemente influenciado por la escaza altura de su madre. Su cabeza se apoyo sobre las tetas de ella, mi verga no podía estar más dura cuando Lira volteo a verme mientras con las manos apoyaba con firmeza la cabeza de su hijo.
    
    —Ya, ya. Vamos, no es para tanto. Vamos a relajarnos. —Dijo Lira
    
    —Sí, mamá.
    
    Lira le dio un último toque en el cabello, como si la escena fuera completamente normal, y le dio un pequeño empujón para que siguiera con lo que estaba haciendo.
    
    —Pero si quieres no mires más ese computador, yo te daré un mejor espectáculo. —Le dijo
    
    Lira se acercó a mí lentamente, envidié a su hijo en ese momento, que no despegaba la mirada del culo de su madre, sus ojos se abrieron como platos, como si estuviera evaluando cada nalga. Cuando Lira estuvo lo suficientemente cerca, sus labios encontraron los míos, y el beso fue profundo, cargado de esa electricidad que nunca había desaparecido entre nosotros.
    
    El contacto fue suave al principio, pero pronto la necesidad y el deseo comenzaron a arrastrarnos. Me sentí como si todo se desvaneciera a su alrededor, dejando solo el calor, la proximidad de su cuerpo y el ritmo de nuestros besos.
    
    Sin apartarse, sus manos ...
    ... se deslizaron hacia abajo, y un roce directo me hizo estremecer. Sentí sus dedos acariciando mi verga con una seguridad que me desbordó. No lo hizo con prisa, sino con una lentitud que me tenía a la expectativa, como si estuviera saboreando el momento.
    
    Con una calma que me hizo perder el aliento, Lira se apartó un poco, sus ojos no dejaban de mirarme. Sin prisa, sus manos bajaron hacia mi pantalón. Solo tuvo que inclinarse un poco, no tuvo necesidad de arrodillarse cuando el sonido del broche de mi pantalón al soltarse se escuchó claro en el aire, y, en un solo movimiento, me lo bajó. Me miró por un momento, evaluando, y luego sus dedos, delicados y firmes, bajaron lentamente el bóxer.
    
    Se quedó ahí, quieta, observando. No había prisa, ni palabras. Solo el silencio entre nosotros, roto únicamente por la respiración. Sus ojos recorrían cada detalle de mi verga con una admiración que me desarmó por completo, como si estuviera contemplando algo que deseaba profundamente.
    
    La tensión entre nosotros se había acumulado tanto que cada uno de sus movimientos parecía pesar más que el anterior. Lira miraba directamente mi verga con una expresión que no dejaba lugar a dudas, una mezcla de deseo y confianza, y me sentí completamente vulnerable a su voluntad.
    
    Con una calma que contrastaba con el torrente de sensaciones en mi cuerpo, se acercó aún más. Su boca, comenzó a moverse lentamente, sus labios abrazaron mi verga antes de bajar un poco y metérsela lentamente. El calor que ...
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