1. Absolución


    Fecha: 20/08/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Akhanta, Fuente: TodoRelatos

    ... primero y después casi con vértigo, flotando sobre la cama deshecha. Cuando recuperó un poco el sentido, él había subido de nuevo hacia ella y la besaba, con los labios llenos de su propio flujo, por la cara y el cuello. Aquello era mil veces mejor que cualquiera de sus fantasías. Y todavía no habían acabado… Abrazados, ella le hizo girar quedándose sobre él. Quería besarle por todas partes, morderle incluso, hacer suya aquella piel ardiente. Mientras le besaba el pecho, su mano exploró hacia la cintura y el hueco de su cadera, donde empezaba el pantalón. Él gimió un poco, y después un poco más cuando ella le bajó el pantalón y el calzoncillo. Se colocó suavemente sobre él, rozando con su vulva la punta de su pene duro pero sin llegar a permitirle la entrada. Aún no… mientras le volvía a besar, movió suavemente la cadera, frotándose despacio contra esa maravillosa rigidez. Lamió su pecho, su cuello, de nuevo sus labios. Notó algo líquido; él sentía, extasiado, la suavidad de ella junto a él y se moría por penetrarla, por entrar en ella con toda la fuerza de su ansia, de meses de contención pensando en ella. Casi empezaba a dolerle, cuando ella se colocó encima y dejó caer su pelvis. Ambos jadearon, hechos uno; por un segundo se quedaron quietos, encajados, abrazados de forma perfecta, hasta que ella empezó a moverse sobre él. Quería sentirle en todo su recorrido, subía del todo y volvía a bajar, en movimientos ondulantes y rítmicos. Él al principio se dedicó tan sólo a ...
    ... sentirla, pero pronto no pudo evitar empezar a empujar desde abajo, queriendo casi atravesarla, agarrándola de los glúteos y clavando sus dedos en la suave piel de ella en cada bajada de sus caderas. Los jadeos se hicieron cada vez más frecuentes y más profundos. Aquello no era pecado, no podía serlo… Jamás se había sentido tan cercano a lo divino como en ese momento, poseyendo a aquella dulce criatura que se había abierto para él, que incluso había sentido culpa por imaginar aquel encuentro… No, de ninguna manera era pecado. Y si lo era, por su parte la absolvía de todo… Le daba igual no ser él el que obtuviera el perdón. Era imposible, de hecho, pero no le importó. Siguió empujando, sintiendo el peso de ella con cada movimiento, los pechos erectos ante él subiendo y bajando al compás, mojados con el sudor, cada gota lavando cualquier mancha que pudieran tener sus cuerpos. Cerró los ojos, sintiendo que estaba a punto de llegar a su clímax, y empujó aún más fuerte, más urgente, a la vez que ella bajaba cada vez con más decisión, disfrutando con cada embestida. Ella empezó a sentir un calor conocido que la envolvía; las paredes de su vagina, perfectamente adaptadas a la polla del sacerdote, comenzaron a estrecharse y a avisarla de que pronto volvería a volar, pero ella quería exprimir al máximo a su amante y siguió empalándose, una y otra vez, con todo el peso de su cuerpo sobre la pelvis de Paul, sintiendo que tocaba el propio núcleo de su ser… El sacerdote no pudo aguantar más y ...
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