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El círculo. Cap.32. La elección por el escaño
Fecha: 23/08/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos
La ciudad dormía. Un perro ladraba a lo lejos. Algún auto pasaba sin prisa por Calzada del Hueso. Afuera, el aire se sentía más frío de lo normal para ser finales de junio, y la madrugada, con sus sombras alargadas y su silencio acechante, envolvía la colonia como una pausa contenida. Abril Bardujan se amarró el cabello con una liga desteñida y salió por la reja chirriante de la casa de sus papás. Vestía una sudadera holgada que alguna vez fue de su hermano, con el cuello deshilachado y el logo de la UNAM ya apenas visible. No llevaba audífonos, ni gorra, ni seguridad. Ni siquiera avisó. Solo dejó su celular sobre la barra de la cocina, junto a una taza con los restos de café frío que no pudo beber en toda la noche. No había dormido ni un minuto. Su madre se había quedado con ella hasta las dos de la mañana, hablándole de cosas sin importancia —la campaña, la abuela, el perro del vecino, las enchiladas para la cena—, con esa ternura torpe que uno usa cuando quiere ayudar pero no sabe cómo. Su padre ya ni la miraba directo desde hacía días. Lo notaba nervioso. Ansioso. O decepcionado. Abril ya no sabía. Cruzó la calle a paso lento, sin mirar atrás. El asfalto estaba húmedo y las lámparas de luz amarilla creaban un paisaje espectral entre sombras y reflejos. Villa Coapa en silencio tenía algo fantasmal. Se sintió expuesta, pero no le importó. Necesitaba respirar. Comenzó a trotar. Al principio, sus piernas protestaban. Luego, el ritmo la fue adormeciendo. ...
... El eco de sus pasos en la banqueta la acompañaba como un mantra. A cada zancada, sentía que dejaba atrás el peso de la madrugada, de los debates, de las entrevistas envenenadas, de los rumores, de los brazos de Damián —que ya no la buscaban, que ya no le escribían, que tal vez nunca la habían querido en serio—. Cada metro corrido era una forma de hacer que la ansiedad no la tragara. ¿Y si hoy pierdo? La voz en su cabeza sonó nítida. Casi le hizo tropezar. ¿Y si todo esto solo fue una farsa? Pasó por un taller mecánico con la cortina baja, donde un gato la miró desde lo alto de un Volkswagen oxidado. Más adelante, dobló hacia una pequeña calle de casas con jardín frontal, donde el aroma a tierra húmeda se mezclaba con el de los árboles de jacaranda que aún conservaban algunas flores moradas. Entonces lo vio. Una figura. Un círculo. Era una tapa de coladera, rota, descentrada, como una moneda mal encajada en la tierra. Pero lo que llamó su atención fue que alguien —algún vecino, un niño, un loco— había dibujado a su alrededor con gis blanco un trazo extraño, un doble círculo, como un símbolo o un sello. Dentro, había unas palabras apenas legibles:“Lo que arde, regresa.” Se detuvo. Su respiración jadeante, su corazón retumbando en los oídos. El viento soplaba entre las hojas con un rumor de iglesia vacía. Y por un instante, Abril sintió que algo —algo que no entendía— la observaba desde abajo, desde dentro del círculo. No era creyente. No lo había sido ni ...