1. El círculo. Cap.32. La elección por el escaño


    Fecha: 23/08/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... recordaba haber dormido del todo. Había bebido vino con César la noche anterior. Solo los dos. No pasó nada. ¿O sí? No importaba. Esa era la dinámica. Un juego ambiguo donde ambos fingían no saber lo que sabían. Él era 30 años mayor. Ella tenía 23 y ya jugaba en ligas donde las intenciones se maquillaban con palabras como “estrategia”, “proyección” o “confianza”.
    
    Se quitó la pijama sin apuro y caminó desnuda hacia el vestidor de invitados. Tomó un bikini blanco, de líneas clásicas pero corte moderno, que alguna vez había dejado olvidado en otra de sus visitas. Se miró al espejo. Se acomodó el cabello, se echó un poco de agua en la cara. No se maquilló. No hoy.
    
    Bajó sola.
    
    La casa era silenciosa, enorme, lujosa sin alma. Muebles de diseñador, arte costoso, pisos impecables. Afuera, la alberca reflejaba un cielo aún indeciso entre la noche y el día. El agua se veía fría, pero Valeria no dudó.
    
    Dejó una toalla sobre la banca para tomar el sol y se metió con decisión.
    
    Un escalofrío le recorrió la espalda. El frío del agua le despejó la mente de golpe. Nadó hacia el otro lado con movimientos largos, elegantes, entrenados. Luego flotó boca arriba, mirando el cielo.
    
    Pensó en Abril. En las encuestas. En la elección.
    
    “Gane o pierda César, tú no puedes desaparecer del mapa, Valeria”, le había dicho Lorenzo una semana antes, con esa voz suya llena de certezas y secretos.“Tú vas a sobrevivir a todos.”
    
    Y tenía razón.
    
    Ella no era candidata. Ni militante. Ni parte ...
    ... oficial del equipo de Serrano. Pero si él ganaba —y tenía que ganar—, su vida se transformaría. Dejaría de ser “la hija de Damián” para ser algo más. Algo propio.
    
    El frío la mantenía alerta. Era como estar despierta en un sueño extraño.
    
    —Señorita Valeria. —La misma voz de antes. La mujer del uniforme beige—. El desayuno está servido.
    
    Le extendió una toalla blanca, gruesa, suavísima. Valeria salió del agua, sin prisa, dejando que las gotas recorrieran su piel. La mujer le ofreció una bata ligera que ella no aceptó. Solo se envolvió con la toalla y caminó descalza por la piedra clara del jardín.
    
    El comedor al aire libre era una obra de escenografía. Una mesa larguísima de madera oscura en medio de un jardín diseñado al milímetro: bugambilias, bambús, pequeñas esculturas ocultas entre plantas, fuentes discretas. En el centro, un desayuno dispuesto como para una foto de revista.
    
    Serrano ya estaba sentado. Camisa de lino blanca, abierta en el cuello. Cabello perfectamente peinado hacia atrás. Revisaba datos en una tableta y hablaba por teléfono con un tono amable pero firme.
    
    —Sí, quiero las cifras completas antes de las ocho. No las preliminares. Las de campo. Y que no se filtre nada todavía. Gracias.
    
    Colgó y alzó la vista justo cuando Valeria se acercaba.
    
    —Buenos días —dijo él, sonriendo—. ¿Nadaste?
    
    Ella le respondió con un beso en la mejilla, suave, como si le perteneciera.
    
    —Me hacía falta. El agua me aclara —dijo mientras se sentaba frente a él—. ...
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