1. Cuando la gallina vieja encuentra un pollo tierno


    Fecha: 03/09/2026, Categorías: Incesto Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos

    ... funda sobre la mesita de noche, pasándose las manos por el pelo despeinado, evitando mirarme.
    
    —Perdón, yo... debo haber... —repitió, ahora con claridad—. Debo haberme movido mientras dormía.
    
    —No pasa nada —dije, aunque mi cuerpo protestaba violentamente contra esa afirmación—. Pasa en las camas pequeñas.
    
    Mentira. La cama era enorme.
    
    Se levantó rápidamente, ajustándose los boxers de una manera que no logró ocultar su estado de excitación matutina. Yo fingí no notarlo, pero mis ojos traicioneros se quedaron fijos en la tela tensa y con una más que evidente mancha de humedad durante más tiempo del apropiado.
    
    —Voy... voy a ducharme —murmuró, huyendo hacia el baño.
    
    Me quedé sola en la cama, con el corazón galopando y una humedad entre las piernas que no había sentido en años. «¡Joder!, ¿qué demonios me está pasando?», me pregunté. «Es mi nieto. Mi NIETO».
    
    Pero mi cuerpo no parecía recordar ese detalle familiar.
    
    El sonido del agua corriendo me torturó durante los siguientes veinte minutos. No podía evitar imaginar a Udo ahí dentro, desnudo, con el agua corriendo por su cuerpo joven... y probablemente aliviando la tensión que yo había notado tan claramente.
    
    «Frieda Meyer», me regañé, «contrólate o terminarás en el infierno».
    
    Aunque últimamente, el infierno no sonaba tan mal.
    
    La rutina de los siguientes días se convirtió en una exquisita tortura.
    
    Desayunábamos en la terraza cada mañana, con las vistas espectaculares de la bahía de Palma ...
    ... extendiéndose ante nosotros. Ida solía levantarse tarde —«A mi edad, necesito mi sueño de belleza», decía—, así que Udo y yo compartíamos esos momentos matutinos solos.
    
    El calor mediterráneo tenía sus ventajas.
    
    Nos obligaba a usar ropa ligera. Muy ligera.
    
    Yo había optado por vestidos de muselina que se pegaban estratégicamente a mi cuerpo cuando soplaba la brisa. Y cuando el sol los atravesaba... bueno, digamos que mi lencería se convertía en un espectáculo involuntario.
    
    O tal vez no tan involuntario.
    
    Udo, por su parte, había decidido que las camisetas ajustadas eran su uniforme oficial. Y esos shorts que dejaban al descubierto sus piernas largas y musculosas...
    
    «Concéntrate en el desayuno, Frieda», me decía cada mañana. «No en esos muslos que parecen esculpidos por Miguel Ángel».
    
    Pero era imposible.
    
    El chico era una distracción andante. Y por la forma en que me miraba cuando mis vestidos jugaban con la luz, sabía que el sentimiento era mutuo.
    
    Estábamos jugando un juego peligroso.
    
    Y ambos estábamos perdiendo a propósito.
    
    —¿Te enseño a hacer «pa amb tomàquet?» —le pregunté la tercera mañana, mientras él me observaba preparar el desayuno con esa intensidad que me ponía nerviosa.
    
    —Me encantaría —respondió, acercándose tanto que pude sentir el calor de su cuerpo.
    
    Le mostré cómo frotar el tomate maduro contra el pan tostado, cómo añadir el aceite de oliva virgen, la sal gruesa. Sus manos siguieron mis movimientos, pero cuando se acercó para alcanzar el ...
«12...91011...32»