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Cuando la gallina vieja encuentra un pollo tierno
Fecha: 03/09/2026, Categorías: Incesto Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... ir al baño, él se acercó a mí. —¿Estás bien? —preguntó en voz baja. —Perfectamente —respondí, evitando sus ojos. —Pareces... molesta. —¿Por qué iba a estar molesta? Eres libre de salir con quien quieras. La sonrisa que se extendió por su cara fue absolutamente devastadora. —¿Estás celosa,Omi? La pregunta me golpeó como una bofetada de realidad. ¿Celosa? ¿Yo? ¿De Ida? —No seas ridículo —murmuré, pero mis mejillas ardiendo me delataron. Udo se acercó más, hasta que pude oler su colonia mezclada con el aroma salado del mar. —Estás celosa —susurró, con una satisfacción masculina que me hizo querer abofetearlo y besarlo al mismo tiempo. —Udo... —Me gusta —interrumpió—. Me gusta que te importe. Antes de que pudiera responder, Ida regresó, rompiendo el momento con su habitual timing perfecto. —¿De qué habláis? —preguntó, notando inmediatamente la tensión entre nosotros. —De nada importante —dije rápidamente. Pero Ida no era tonta. Sus ojos azules se movieron entre Udo y yo con esa expresión calculadora que significaba problemas. Durante la cena, observé como Ida desplegaba todas sus armas de seducción vintage. Comentarios ingeniosos, risas melodiosas, y una manera de tocar el brazo de Udo que me hizo querer estrangularla con mi propia servilleta. —Udo, cariño —dijo, sirviéndole más vino—, cuéntanos sobre tus planes. ¿Tienes novia en Hamburgo? Casi me atraganto con mi agua. —No —respondió Udo, pero sus ojos me encontraron—. ...
... Digamos que mis gustos son... específicos. —¿Específicos cómo? —insistió Ida, como un sabueso siguiendo un rastro. —Prefiero las mujeres con experiencia —dijo, sosteniendo mi mirada—. Las que saben lo que quieren. El doble sentido fue tan obvio que hasta las cigarras parecieron callarse para escuchar. Ida arqueó una ceja. —Qué maduro para tu edad. ¿Verdad, Frieda? —Muy maduro —logré articular, sintiendo como si tuviera la boca llena de algodón. El resto de la cena pasó en una especie de neblina surrealista, con Ida haciendo comentarios cada vez más sugerentes y Udo respondiendo con dobles sentidos que me tenían al borde del colapso nervioso. Cuando finalmente nos retiramos, Ida anunció que había decidido salir. —Además —añadió con una sonrisa traviesa—, he quedado para tomar copas con mis nuevos amigos italianos. A mi edad, cuando la aventura llama, hay que responder. Vosotros dos... bueno, resolved lo que tengáis que resolver. «¿Privacidad?» ¿Desde cuándo Ida se preocupaba por nuestra privacidad? Una vez solos en la habitación, la tensión era tan espesa que se podía cortar con un cuchillo. Udo se cambió en el baño, pero cuando salió en sus boxers, algo había cambiado en su actitud. Había una determinación nueva en sus movimientos, una confianza que me puso nerviosa. —¿Qué estás haciendo? —pregunté cuando se acercó a la cama. —Algo que debería haber hecho hace días —respondió, sentándose en el borde. —Udo... —No —me interrumpió—. ...