1. Cuando la gallina vieja encuentra un pollo tierno


    Fecha: 03/09/2026, Categorías: Incesto Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos

    ... Voy a decir esto, y tú vas a escucharme.
    
    Su voz tenía una autoridad que no había oído antes, una masculinidad que me hizo temblar por dentro.
    
    —Te deseo, abuela. Te deseo tanto que me duele. Y sé que tú también me deseas.
    
    —Somos familia...
    
    —No me importa —se acercó más—. En Hamburgo, sí. Pero aquí, en esta casa, con este calor, contigo vistiéndote de esa manera y mirándome como me miras... No puedo fingir más.
    
    Sus dedos rozaron mi mejilla, y sentí como si me hubiera tocado un cable de alta tensión.
    
    —Dime que no sientes nada —susurró—. Mírame a los ojos y dime que no quieres esto, y me detendré ahora mismo.
    
    Lo miré. Miré esos ojos verdes que me habían estado derritiendo durante días, esa boca que había imaginado besando en lugares que una abuela decente no debería imaginar, ese cuerpo joven que me había estado volviendo loca desde que llegó.
    
    Y no pude mentir.
    
    —Udo... —suspiré, pero fue una capitulación, no una protesta.
    
    Él lo entendió inmediatamente. Se acercó más, hasta que pude sentir su aliento en mis labios.
    
    —¿Puedo besarte? —preguntó, y la vulnerabilidad en su voz me derritió completamente.
    
    En lugar de responder, cerré los ojos y me acerqué a él.
    
    Nuestros labios se encontraron en un beso que fue... incendiario. No fue el beso tierno de una abuela, ni el beso tímido de un adolescente. Fue el beso hambriento de dos personas que habían estado conteniendo el deseo durante demasiado tiempo.
    
    Sus labios eran suaves pero insistentes, y ...
    ... cuando su lengua rozó la mía, un gemido se me escapó sin permiso. Él respondió con un sonido gutural que me hizo sentir como si tuviera veinte años otra vez.
    
    Sus manos se enredaron en mi pelo, y las mías encontraron su pecho, sintiendo los músculos tensos bajo mis palmas. Era como tocar fuego vivo.
    
    Cuando finalmente nos separamos, ambos estábamos respirando como si hubiéramos corrido un maratón.
    
    —Dios mío —susurré.
    
    —¿Te arrepientes? —preguntó, con una vulnerabilidad que me partió el corazón.
    
    —Debería —respondí honestamente—. Pero no.
    
    La sonrisa que me dedicó podría haber iluminado toda Mallorca.
    
    —Bien —murmuró, acercándose otra vez—. Porque esto es solo el comienzo.
    
    Pero justo cuando iba a besarme otra vez, un trueno ensordecedor sacudió la casa.
    
    La tormenta había llegado.
    
    El primer rayo iluminó la habitación como un flash de cámara, seguido inmediatamente por un trueno que hizo temblar las ventanas. La electricidad parpadeó una vez, dos veces, y luego nos sumió en la oscuridad.
    
    —Mierda —murmuré, separándome de Udo a regañadientes.
    
    —¿Tienes velas? —preguntó, su voz ronca por el beso que acabábamos de compartir.
    
    —En la cocina. Espera aquí.
    
    Pero cuando me levanté para buscar las velas, él me siguió. Su mano encontró la mía en la oscuridad, y el simple contacto envió escalofríos por todo mi cuerpo.
    
    La cocina estaba iluminada solo por los relámpagos intermitentes que convertían todo en una película de terror romántico. Encontré las velas ...
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