1. Cuando la gallina vieja encuentra un pollo tierno


    Fecha: 03/09/2026, Categorías: Incesto Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos

    ... en el tercer cajón, junto con una caja de cerillas que, milagrosamente, aún funcionaba.
    
    —¡Frieda! ¡Udo! —La voz de Ida llegó desde el salón—. ¿Estáis bien?
    
    —Sí —gritamos al unísono, nuestras voces superponiéndose de una manera que sonó sospechosamente íntima.
    
    —¡La electricidad se ha ido! —anunció, como si no fuera obvio.
    
    —Ya nos hemos dado cuenta —murmuré, encendiendo la primera vela.
    
    La llama parpadeante proyectó sombras danzantes en las paredes, y cuando miré a Udo, la luz dorada hacía que sus ojos verdes brillaran como esmeraldas. Estaba tan guapo que me dolía mirarlo.
    
    —Deberíamos comprobar cómo está Ida —dije, aunque lo último que quería era salir de esa burbuja íntima.
    
    —Sí —acordó, pero ninguno de los dos se movió.
    
    Nos quedamos ahí, mirándonos a la luz de la vela, con la tormenta rugiendo afuera y la electricidad crepitando entre nosotros. Era como si el universo hubiera decidido crear el ambiente perfecto para el pecado.
    
    Otro relámpago iluminó la cocina, y en ese instante, Udo se acercó. Sin palabras, sin dudas, simplemente cerró la distancia entre nosotros hasta que pude sentir el calor radiando de su cuerpo.
    
    —Frieda... —murmuró mi nombre como una oración.
    
    —Esto es una locura —susurré, pero mis manos ya estaban subiendo por su pecho.
    
    —La mejor clase de locura —respondió, inclinándose hasta que su frente rozó la mía.
    
    Sus manos encontraron mi cintura, y me atrajo hacia él hasta que nuestros cuerpos se presionaron juntos. Pude ...
    ... sentir su excitación contra mi vientre, dura y exigente, y un gemido se me escapó antes de que pudiera detenerlo.
    
    —¿Estás segura? —preguntó, su voz apenas un susurro áspero.
    
    En lugar de responder con palabras, me puse de puntillas y lo besé.
    
    Este beso fue diferente al primero. Más desesperado, más hambriento. Sus manos se deslizaron por mi espalda, presionándome contra él, mientras mi lengua exploraba su boca con una audacia que no sabía que poseía.
    
    —Dios —murmuró contra mis labios—. Llevo semanas soñando con esto.
    
    —¿Semanas? —pregunté, apartándome lo suficiente para mirarlo a los ojos.
    
    —Desde Hamburgo. Desde que empecé a verte... realmente verte. No como mi abuela, sino como Frieda. Como esta mujer increíble, sexy, divertida que me está volviendo loco.
    
    Sus palabras me derritieron por completo. Nadie me había hablado así en años. Nadie me había hecho sentir así en... bueno, nunca.
    
    —¡Escuchad! —La voz de Ida interrumpió nuestro momento—. ¿Vais a traer esas velas o qué?
    
    Nos separamos como si nos hubieran echado agua fría. Yo agarré dos velas, Udo otras dos, y nos dirigimos al salón como dos criminales marchando hacia la horca.
    
    Ida estaba acurrucada en el sofá, envuelta en una manta, con aspecto de haber vivido un naufragio.
    
    —¡Por fin! —exclamó cuando entramos—. Pensé que se habían electrocutado.
    
    —Sorry —murmuré, colocando las velas en lugares seguros—. No encontrábamos las cerillas.
    
    Ida nos miró con esa expresión que significaba que sabía ...
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