1. Cuando la gallina vieja encuentra un pollo tierno


    Fecha: 03/09/2026, Categorías: Incesto Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos

    ... exactamente lo que habíamos estado haciendo, pero por una vez en su vida, mantuvo la boca cerrada.
    
    La tormenta arreció. Los truenos se sucedían uno tras otro, y la lluvia golpeaba las ventanas como puños desesperados. El viento aullaba entre los pinos del jardín, creando una sinfonía dramática que parecía diseñada específicamente para elevar el drama de la situación.
    
    —Esto va a durar horas —anunció Ida, como si fuera una meteoróloga experta—. En Mallorca, cuando llueve así, puede durar toda la noche.
    
    «Toda la noche.» Las palabras colgaron en el aire cargadas de posibilidades.
    
    Nos instalamos en el salón, porque era el espacio más amplio y porque, francamente, nadie quería estar solo en esa casa que crujía y gemía bajo el asalto de la tormenta. Udo se sentó en el sofá grande, yo en el sillón, y Ida mantuvo su posición en el sofá pequeño, observándonos como un halcón.
    
    Pero la comodidad duró poco. Cada relámpago revelaba la tensión sexual que vibraba entre Udo y yo como un cable de alta tensión. Nuestros ojos se encontraban constantemente, y cada mirada estaba cargada de promesas y recuerdos del beso que habíamos compartido.
    
    —Bueno —dijo Ida después de una hora de tortura—, creo que voy a intentar dormir. Este sofá no es el Ritz, pero supongo que tendrá que servir.
    
    —¿Estás segura? —pregunté, aunque por dentro estaba gritando «¡SÍ, VETE!»
    
    —Completamente. Vosotros dos deberíais iros a la cama también. Mañana va a ser un día largo limpiando después de esta ...
    ... tormenta.
    
    Nos quedamos inmóviles, como estatuas de sal, mientras Ida se acomodaba en el sofá con la gracia de una actriz de teatro. Cerró los ojos, suspiró dramáticamente, y a los cinco minutos estaba roncando suavemente.
    
    O fingiendo roncar. Con Ida, nunca se sabía.
    
    Udo y yo nos miramos en la luz parpadeante de las velas. La pregunta colgaba entre nosotros sin necesidad de palabras: ¿qué hacemos ahora?
    
    —Deberíamos... —comencé en un susurro.
    
    —Sí —acordó él, levantándose silenciosamente.
    
    Recogimos dos velas y nos dirigimos hacia la habitación como ladrones en la noche. Cada paso crujía como una traición, cada respiración sonaba como un rugido en el silencio cargado de tormenta.
    
    Una vez en la habitación, con la puerta cerrada y las velas proyectando sombras danzantes en las paredes, la realidad de lo que estaba a punto de pasar me golpeó como un martillo.
    
    «¿Esto es realmente lo que vas a hacer, Frieda?», me pregunté. «¿Vas a acostarte con tu nieto?»
    
    Pero cuando Udo se acercó, cuando sus manos rozaron mi cara con esa ternura que me derretía por dentro, todas las dudas se evaporaron como lluvia en el pavimento caliente.
    
    —¿Estás segura? —preguntó otra vez, porque era ese tipo de hombre incluso a los veintiún años.
    
    —No —respondí honestamente—. Pero lo quiero de todas formas.
    
    Fue todo lo que necesitó escuchar.
    
    Al día siguiente, la tormenta había pasado dejando el aire limpio, cargado de humedad... y varios desperfectos en la casa. Me desperté ...
«12...181920...32»