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Cuando la gallina vieja encuentra un pollo tierno
Fecha: 03/09/2026, Categorías: Incesto Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... que organizarnos. «Organizarnos.» Como si fuera tan simple cuando cada célula de mi cuerpo estaba gritando por Udo. La logística de la ducha se convirtió en una tortura exquisita. Decidimos establecer turnos: Ida primero, luego yo, y finalmente Udo. Pero el agua fría era brutal, y ninguna de nosotras podíamos aguantar más de cinco minutos bajo el chorro helado. —¡Es como ducharse en el Ártico! —se quejó Ida, saliendo del baño envuelta en toallas y temblando—. ¡Mis viejos huesos no están hechos para esto! Le tocaba a mí. Entré al baño, me desnudé rápidamente, y me metí bajo el agua. El choque del frío me hizo gritar. —¡Joder! —exclamé, olvidando momentáneamente que Udo estaba al otro lado de la puerta. —¿Estás bien? —su voz llegó inmediatamente, preocupada. —¡Perfectamente! ¡Solo me estoy convirtiendo en un cubito de hielo! Traté de lavarme lo más rápido posible, pero mis manos entumecidas por el frío no cooperaban. El champú se me resbaló tres veces, y cuando finalmente logré enjuagarme el pelo, estaba tiritando como una hoja. Fue entonces cuando la regadera decidió rendirse por completo. El agua se cortó de golpe, dejándome cubierta de jabón y completamente desnuda en una ducha que ya no funcionaba. —¡No puede ser! —grité, golpeando los grifos como si fuera a solucionarlo. —¿Qué pasa? —Udo tocó la puerta. —¡Se ha cortado el agua! ¡Estoy llena de jabón! —¿Necesitas ayuda? —Udo tocó la puerta. —Podríamos llamar a Tomeu, el ...
... fontanero —sugirió Ida desde el pasillo, su voz llegando claramente hasta el baño—. Aunque con no sé cuánto tardará en venir... —¡Ese Tomeu es un fenómeno! —añadió con un suspiro exagerado—. Veintiséis años, músculos de trabajar con las manos, y una sonrisa que derretiría hasta las tuberías más oxidadas. Estoy segura de que podría... arreglar cualquier problema que tengamos. —¿Puedo entrar? —preguntó Udo, su voz más ronca—. Solo para ver si puedo arreglar el agua. —¡Oh, qué considerado! —exclamó Ida—. Los hombres jóvenes siempre tan dispuestos a ayudar con los... problemas domésticos. «Dios mío», pensé, «Ida está coqueteando hasta con las crisis de fontanería. Y por lo que parece, este tal Tomeu ha despertado más que su interés profesional». —Está bien, Udo, entra —respondí, mi corazón latiendo como un tambor—. Pero cierra los ojos. Escuché la puerta abrirse lentamente. Yo me cubrí como pude con mis brazos, aunque la mampara de vidrio esmerilado ocultaba los detalles más íntimos. —Dios mío —murmuró Udo cuando me vio. —¡Has dicho que cerrarías los ojos! —Los he cerrado —se defendió, pero seguía mirándome—. Pero luego los he abiert. No he podido evitarlo. Estaba ahí de pie, en camiseta y boxers, con los ojos fijos en mi figura difuminada tras el cristal. El aire del baño se espesó hasta volverse casi sólido. —Frieda... —susurró mi nombre como una oración. —Udo, no... —Eres deseable —interrumpió, acercándose a la ducha—. Eres la mujer más ...