1. Cuando la gallina vieja encuentra un pollo tierno


    Fecha: 03/09/2026, Categorías: Incesto Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos

    ... deseable que he visto en mi vida.
    
    «¿Deseable? ¿A los setenta y un años, cubierta de jabón y temblando como un chihuahua?»
    
    Pero la forma en que me miraba... como si fuera una diosa en lugar de una abuela desnuda... me hizo sentir exactamente eso: hermosa.
    
    —Déjame ayudarte —murmuró, extendiendo la mano hacia la puerta de la ducha.
    
    —Udo...
    
    —Solo déjame ayudarte a quitarte el jabón. Nada más.
    
    «Nada más.» Como si fuera posible que fuera «nada más» cuando mi cuerpo ardía por él y él me miraba como si quisiera devorarme.
    
    Pero asentí. Porque tenía frío, porque estaba cubierta de jabón, y porque, seamos honestos, porque quería que me tocara.
    
    Abrió la puerta de la ducha lentamente, como si se acercara a un animal salvaje. Sus ojos recorrieron mi cuerpo desnudo sin pudor, y vi cómo su respiración se aceleró.
    
    —Dios... —murmuró, extendiendo una mano temblorosa hacia mi hombro.
    
    Su toque fue como una descarga eléctrica. Sus dedos rozaron mi piel, quitando la espuma con una delicadeza que contrastaba con la intensidad de su mirada.
    
    —Tienes la piel tan suave... —susurró, sus manos deslizándose por mis brazos.
    
    Yo no podía hablar. Solo podía estar ahí, desnuda y vulnerable, mientras las manos de mi nieto exploraban mi cuerpo con una reverencia que me quitó el aliento.
    
    Sus dedos siguieron el contorno de mis hombros, bajaron por mis brazos, rozaron la curva de mi cintura. Cada toque era cuidadoso, respetuoso, pero cargado de un deseo que me quemaba por ...
    ... dentro.
    
    —Udo... —gemí cuando sus pulgares rozaron la parte inferior de mis pechos.
    
    —¿Quieres que pare? —preguntó, su voz apenas un susurro ronco.
    
    La respuesta debería haber sido sí. Debería haberle dicho que parara, que saliera, que olvidáramos que esto había pasado.
    
    Pero en lugar de eso, arqueé la espalda, presionando mis pechos contra sus manos.
    
    —No —susurré—. No pares.
    
    Sus manos se cerraron sobre mis senos, y ambos gemimos al mismo tiempo. Era perfecto y terriblemente equivocado, y no me importaba.
    
    —Eres perfecta —murmuró, sus pulgares acariciando mis pezones endurecidos—. Absolutamente perfecta.
    
    Me acerqué a él, presionando mi cuerpo desnudo contra su pecho. Podía sentir su corazón latiendo como loco, su respiración entrecortada, la evidencia de su excitación presionando contra mi vientre.
    
    —Bésame —susurré.
    
    No necesitó que se lo pidiera dos veces. Sus labios encontraron los míos en un beso desesperado, hambriento, lleno de semanas de tensión contenida. Sus manos recorrían mi cuerpo como si quisiera memorizarlo, y yo me derretía bajo su toque.
    
    —¡Frieda! ¡Udo! —La voz de Ida rompió el hechizo como un martillo contra cristal—. ¡¿Qué está pasando ahí dentro?!
    
    Nos separamos de un salto, como si nos hubieran pillado robando en un banco.
    
    —¡Nada! —grité, mi voz una octava más alta de lo normal—. ¡Udo está... está arreglando el agua!
    
    —¿Está arreglando el agua? —La voz de Ida sonaba escéptica—. ¿Desnudo?
    
    «¿Desnudo?» Miré a Udo y me di cuenta ...
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