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Cuando la gallina vieja encuentra un pollo tierno
Fecha: 03/09/2026, Categorías: Incesto Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... —preguntó, sirviéndose más vino—. Están muy callados. —Solo cansados —mentí—. El calor nos tiene agotados. —Mmm —murmuró, pero sus ojos azules se movían entre nosotros como un péndulo—. Bueno, yo me voy a la cama temprano. Mañana quiero explorar las calas del norte. «¿Mañana también?» ¿Cuántas excursiones culturales necesitaba Ida? Cuando finalmente se retiró, Udo y yo nos quedamos solos en la terraza bajo las estrellas mallorquinas. El silencio se extendía entre nosotros, cargado de expectación. —¿Has pensado en lo que te dije? —preguntó finalmente. —No he pensado en otra cosa. —¿Y? Me levanté y caminé hacia el borde de la terraza, mirando las luces de Palma parpadeando en la distancia como estrellas caídas. —¿Sabes cuál fue mi mayor arrepentimiento cuando tu abuelo murió? —le pregunté. —No. —Todas las veces que dije «mañana». Mañana haríamos ese viaje. Mañana me pondría ese vestido que él tanto me gustaba. Mañana le diría cuánto lo amaba. Y de repente se nos acabaron los mañanas. Udo se acercó hasta quedar detrás de mí, tan cerca que pude sentir el calor de su cuerpo. —¿Y qué me dices de hoy? —susurró. Me volví para mirarlo. Su rostro estaba iluminado por la luz de la luna, y en sus ojos vi una promesa que me quitó el aliento. —Hoy... —comencé, pero las palabras se me atoraron en la garganta. —Hoy podríamos no decir «mañana» —terminó por mí. Extendió su mano hacia mí, y en ese gesto simple vi toda una vida de ...
... posibilidades. Podía rechazarlo, mantener las apariencias, seguir siendo la abuela apropiada que se suponía que debía ser. O podía tomar su mano y descubrir qué se sentía estar completamente viva. —Si hago esto —susurré—, no hay vuelta atrás. —No quiero que la haya. Tomé su mano. El contacto fue como cerrar un circuito eléctrico. Todo mi cuerpo se iluminó, y supe que había tomado la decisión más terriblemente correcta de mi vida. —¿Estás seguro? —pregunté una última vez. En lugar de responder con palabras, me atrajo hacia él y me besó con una pasión que me hizo olvidar mi edad, mi nombre, y todas las razones por las que esto debería estar mal. Cuando nos separamos, ambos estábamos temblando de deseo. —Llévame adentro —susurré contra sus labios. Y él lo hizo. La habitación estaba iluminada solo por la luna que se filtraba a través de las contraventanas, creando patrones de luz y sombra que danzaban sobre las paredes blancas. Udo cerró la puerta tras nosotros, y el pequeño click del pestillo sonó como una promesa definitiva. Nos quedamos ahí parados, mirándonos, de repente conscientes de la enormidad de lo que estábamos a punto de hacer. La realidad del momento se asentó entre nosotros como una niebla espesa. —¿Nerviosa? —preguntó Udo, con una sonrisa tierna que me derritió. —Aterrorizada —admití—. ¿Y tú? —También. Pero por las razones correctas. Se acercó lentamente, como si yo fuera algo precioso que podría romperse. Sus manos encontraron mi ...