1. Cuando la gallina vieja encuentra un pollo tierno


    Fecha: 03/09/2026, Categorías: Incesto Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos

    ... rostro, ahuecando mis mejillas con una delicadeza que me hizo sentir como una obra de arte.
    
    —Eres adorable —murmuró, su aliento caliente en mi oído—. Tu cuerpo es una tentación que no puedo resistir.
    
    —Udo, tengo setenta y un años...
    
    —Y yo tengo veintiuno. ¿Y qué? Los números no significan nada aquí.
    
    Me besó entonces, lenta y profundamente, como si quisiera memorizar el sabor de mis labios. Sus manos se deslizaron por mi cuello, por mis hombros, desenredando con cuidado los tirantes de mi vestido de verano.
    
    —¿Estás segura? —murmuró contra mi boca.
    
    —Nunca he estado más segura de nada en mi vida.
    
    El vestido cayó al suelo con un susurro de tela, y me quedé ahí en ropa interior, sintiéndome simultáneamente vulnerable y poderosa. Los ojos de Udo me recorrieron como caricias, y vi en ellos una admiración tan genuina que todas mis inseguridades se desvanecieron.
    
    —Dios mío... —exhaló, sus manos temblando ligeramente cuando alcanzaron el broche de mi sujetador.
    
    —Déjame —susurré, y con manos que apenas temblaban, me deshice del sujetador y las bragas.
    
    Quedé completamente desnuda ante él, una mujer de setenta y un años bajo la luz de la luna mallorquina, y en lugar de sentir vergüenza, me sentí magnífica.
    
    —Frieda... —su voz se quebró ligeramente—. Eres perfecta.
    
    Sus manos exploraron mi cuerpo con una reverencia que me quitó el aliento. Cada toque era como redescubrir mi propia piel, como si cada centímetro de mí fuera territorio nuevo y ...
    ... emocionante.
    
    —Tu turno —susurré, y con dedos que temblaban por razones completamente diferentes, comencé a desabrochar su camisa.
    
    Era deseable de una manera que me dolía mirarlo. Joven, fuerte, con esa vitalidad que solo tienen los que aún no han sido tocados por el tiempo. Pero cuando mis manos se deslizaron por su pecho, cuando él gimió mi nombre como una oración, supe que la diferencia de edad no importaba. Solo existíamos nosotros, este momento, esta conexión imposible y perfecta.
    
    Me llevó a la cama con una delicadeza que contrastaba con la urgencia que veía en sus ojos. Me recostó sobre las sábanas como si fuera algo sagrado, y luego se unió a mí, su cuerpo cubriendo el mío parcialmente.
    
    —¿Sigues segura? —preguntó una vez más.
    
    —Udo —dije, tomando su rostro entre mis manos—, si no me follas ahora mismo, voy a morirme de deseo.
    
    Eso fue todo lo que necesitó escuchar.
    
    Lo que siguió fue una explosión de sensaciones que me arrasaron como un tsunami. Sus manos grandes y cálidas comenzaron a recorrer mi cuerpo con una lentitud tortuosa, memorizando cada curva, cada pliegue, cada centímetro de piel que había imaginado tocar durante días. Cuando sus dedos trazaron el contorno de mis pechos, un gemido ronco escapó de mi garganta, un sonido primitivo que no había salido de mí en años.
    
    —Eres tan hermosa —murmuró contra mi cuello, su aliento caliente enviando escalofríos por toda mi columna vertebral—. Tan perfecta.
    
    Sus labios siguieron el camino que habían marcado sus ...
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