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Cuando la gallina vieja encuentra un pollo tierno
Fecha: 03/09/2026, Categorías: Incesto Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... veinte o setenta años. Era peligrosamente parecido a los dos hombres que más había amado en mi vida, y el muy pícaro lo sabía. —¡Udo! ¿Cómo estás, cariño? ¿Ya has terminado el semestre? —Sí, pero... tengo un problema. Acabo de llegar a Hamburgo y tu casa está vacía. Sarah y yo hemos roto, y he pensado... bueno, he pensado que podría quedarme contigo unas semanas antes de buscar mi propio apartamento. —Oh, cariño —dije, sintiendo una punzada de dolor por él. Udo había estado viviendo con su novia americana durante sus años universitarios—. ¿Estás bien? —¿Por lo de Sara…? Mejor de lo que esperaba, para ser honesto. Creo que hacía tiempo que ambos sabíamos que no funcionaba. Pero ahora estoy sin casa y... ¿dónde estás exactamente? —Ja, ja, ja, en Mallorca. He comprado una casa aquí. ¿Crees que podrías... bueno, ¿te gustaría venir? Podrías tomarte unas vacaciones antes de decidir qué hacer. Mi corazón dio un salto. Tener a Udo aquí, en esta casa, bajo el sol mediterráneo... La idea me emocionaba más de lo que debería. —Por supuesto, cariño. Pero tengo que advertirte: la casa está... en construcción. Silencio al otro lado de la línea. Un silencio que se alargó eternamente mientras mi corazón se contraía de ansiedad. ¿Se lo estaría pensando? ¿Le parecía demasiado problemático? ¿Preferiría quedarse en un hotel? —Bueno... —la voz de Udo sonó dubitativa—. ¿Muy en construcción? —Digamos que tiene... carácter —admití, mordiéndome el labio—. Pero funciona. ...
... Más o menos. Otro silencio. Podía escuchar su respiración al otro lado, sopesando opciones que no conocía. —¿Cuándo puedes estar aquí? —pregunté, conteniendo el aliento. —Veo que hay un vuelo que sale en tres horas —respondió finalmente, con esa determinación que solo tienen los jóvenes—. Si a ti no te molesta que llegue con ese lío de casa... Voy a intentar conseguir plaza en ese vuelo. El alivio me inundó como una ola cálida. —Perfecto —le dije, quizás demasiado rápido—. Te esperamos. Tres horas. Miré a mi alrededor: Ida organizando su equipaje, la casa medio terminada, y ahora Udo de camino. Esto se iba a poner interesante. —Perfecto —le dije—. Te esperamos. Colgué y me quedé ahí parada, todavía envuelta en la toalla, con una sonrisa idiota en la cara. Ida apareció en la puerta del dormitorio. —¿Quién era? —Udo. Viene hacia aquí. —¿Udo, tu nieto? ¿Aquel chico tan alto y tan guapo? Ida se abanicó teatralmente con la mano mientras pronunciaba "guapo", con una sonrisa pícara. —El mismo. Ida arqueó una ceja, gesto que conocía demasiado bien. —¿Y dónde se supone que va a dormir? ¿En el tejado? La realidad me golpeó como un cubo de agua fría. Solo teníamos una habitación habitable, una cama grande, y ahora seríamos tres. Udo podría dormir en el sofá del salón, pero conocía a mi nieto: preferiría compartir cama antes que dormir incómodo. —Ya lo resolveremos —dije, aunque no tenía ni idea de cómo. Ida me sonrió con esa expresión ...