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Cuando la gallina vieja encuentra un pollo tierno
Fecha: 03/09/2026, Categorías: Incesto Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... que significaba problemas. —Esto va a ser divertido. Divertido. Esa era una palabra. Mientras me vestía, pensé en Udo llegando a esta casa caótica, durmiendo en la misma habitación, compartiendo el único baño funcional... Mi nieto era un chico hermoso, eso no se podía negar. Alto, atlético de esa manera natural que tienen los jóvenes, con una sonrisa tímida que me derretía el corazón. Y últimamente, había notado cómo me miraba. No como su abuela, sino como... bueno, como un hombre mira a una mujer. Al principio pensé que eran imaginaciones mías, fantasías de una mujer que se resistía a aceptar su edad. Pero las miradas se habían vuelto más intensas, más obvias. En Hamburgo, cuando venía a visitarme, se quedaba más tiempo del necesario, encontraba excusas para tocarme el brazo durante nuestras conversaciones, se sonrojaba cuando lo pillaba observándome. «Frieda», me regañé a mí misma mientras me aplicaba protector solar, «son imaginaciones tuyas. Es tu nieto. Punto». Pero mientras esperaba su llegada, preparando la casa y organizando los espacios, no podía evitar sentir una extraña anticipación. Algo en el aire mediterráneo, en la libertad de estar lejos de Hamburgo, en la promiscuidad forzosa de esta casa en obras, me hacía sentir... diferente. Más libre. Más atrevida. «¿Quién diría que a mis setenta y una primaveras aún puedo hacer que un chico se sonroje con una mirada?», pensé, observándome una vez más en el espejo. «¡Ja! Este viejo motor aún ...
... ruge». El taxi llegó al atardecer. Un Tesla blanco con la franja roja reglamentaria de Palma. Elegante. Moderno. Espacioso. O eso pensé hasta que Udo intentó salir de él. El pobre coche parecía haber encogido. Como si hubiera metido a un vikingo en una lata de sardinas. Udo se contorsionó, se dobló, luchó contra la física básica hasta que finalmente logró extraer sus piernas interminables del vehículo. Cuando se enderezó completamente, el Tesla pareció suspirar de alivio. Mochila al hombro. Pelo castaño despeinado por el viaje y la batalla épica contra la puerta del coche. Estaba en una forma física espectacular, eso saltaba a la vista. Pero lo que realmente me llamó la atención fueron esos shorts. Dios mío, esos shorts. Tan cortos que habrían encajado perfectamente en el Castro de San Francisco en 1975, pero que en 2025 eran pura provocación andante. Cada paso que daba hacia mí era una demostración involuntaria de muslos bronceados y anatomía masculina que me hizo tragar saliva. Me abrazó y literalmente me levantó del suelo, como si fuera una niña pequeña en lugar de una mujer de sesenta y cinco kilos de peso. Su fuerza juvenil me hizo sentir diminuta y protegida. Su olor me envolvió como una manta cálida: una mezcla de colonia fresca y ese aroma natural que tienen los chicos jóvenes. Aunque, siendo completamente honesta, después de un vuelo de dos horas y la lucha épica contra el Tesla, sus axilas sugerían diplomaticamente que una ducha no le vendría ...