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Pepa y yo: Descubrimientos a los 65
Fecha: 04/09/2026, Categorías: Bisexuales Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... intensidad depredadora que me recuerda por qué pensé en vampiros al verla salir del baño—, creo que te has quedado embobado mirando la polla de Enrique. Y por la cara de que pones, diría que te gusta tanto como a mí lo que ves. Se pasa la lengua por los labios hinchados y brillantes, los mismos que acaban de estar pegados a los de Enrique, y esa imagen me golpea como un puñetazo de lujuria. Mi vampiresa particular acaba de alimentarse del primer hombre de la noche y ahora me observa con esa sonrisa letal que promete que yo soy el siguiente en su menú. «Mierda. Me han pillado babeando como un perro delante de un filete». —Yo... bueno... es que nunca había... —balbuceo como un colegial pillado en falta. —Tranquilo —ríe Enrique con esa confianza que me desarma—. Es completamente normal. Y muy halagador, por cierto. Nuestro nuevo amigo se gira hacia mí con esa sonrisa que ya he aprendido a temer y desear a partes iguales. —Miguel, ¿alguna vez has tocado la polla de otro hombre? La pregunta queda flotando en el aire como una bomba sin explotar. «Aquí está. El momento de la verdad, tío. ¿Eres Miquel el hetero? ¿O eres algo completamente diferente?» —No —respondo con honestidad—. Nunca. —¿Te gustaría hacerlo? Su miembro perfecto está ahí, a centímetros de mis manos, duro e imponente, y por un momento me quedo paralizado. «Esto es de locos. Esto va contra todo lo que he creído sobre mí mismo». Pero entonces miro a Pepa, y veo en sus ojos una ...
... excitación tan intensa que me da el valor que necesito. —Venga, Miguel —me dice con esa sonrisa traviesa—. Deja de hacerte el remolón y tócale la polla de una vez. Se te ve en la cara que te mueres de ganas, y a él ya la tiene tiesa como un palo solo de verte dudando. «Si esto pone tan cachonda a mi mujer, no puede ser tan malo». —Además —añade Pepa con una carcajada—, después de sesenta y cinco años cascándotela tú solito, creo que ya va siendo hora de que experimentes con otra que no sea la tuya. «Joder, mi mujer tiene razón. Y… coño, qué directa es cuando va tan caliente». Mi mano se alza casi por voluntad propia y toca su miembro con delicadeza. Es... diferente. Más duro que el mío, más cálido de lo que esperaba, con una textura suave que es familiar y extraña a la vez. —Así —murmura Enrique, y su voz ronca me atraviesa como electricidad—. Perfecto. «Hostia. Esto me gusta. Esto me gusta mucho más de lo que debería». Sus propias manos encuentran mi miembro, que para mi sorpresa —y ligero horror— está completamente erecto. «Genial, Miquel. Tu cuerpo acaba de confirmar lo que tu mente se negaba a aceptar». Pero cuando siento sus dedos rodeando mi erección, todos los pensamientos coherentes se evaporan. Su tacto es... indescriptible. Seguro, experto, completamente diferente a la delicadeza del húmedo sexo de Pepa pero igualmente placentero. «Esto no debería ser tan jodidamente bueno. Pero, coño, se siente increíble». Los siguientes ...