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Pepa y yo: Descubrimientos a los 65
Fecha: 04/09/2026, Categorías: Bisexuales Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... esfuerzo consciente para no quedarme embobado mirándolo. —Miguel —dice, y su voz es exactamente como la imaginaba: grave, cálida, con un toque de ronquera que me pone la piel de gallina—. Es un placer conocerte por fin. Me estrecha la mano, y joder, hasta eso es erótico. Su apretón es firme, decidido, con esa presión exacta que habla de un hombre que sabe lo que quiere y cómo conseguirlo. Sus dedos son largos, elegantes, con unas uñas perfectamente cuidadas que me hacen pensar inmediatamente en dónde podrían acabar explorando antes de que termine la noche. La palma de su mano es cálida, ligeramente áspera por lo que intuyo son años de cuidar su físico, y cuando sus dedos se cierran alrededor de los míos, siento una corriente eléctrica que me sube por el brazo y se instala directamente en mi entrepierna. El apretón dura exactamente lo necesario para que mi cerebro registre varias cosas a la vez: que esta no es una mano de amigo cualquiera, que su tacto despierta sensaciones que creía dormidas, y que estoy completamente jodido porque mi cuerpo ya ha decidido que este hombre me gusta mucho más de lo que debería gustarme cualquier hombre a mi edad. Cuando finalmente suelta mi mano, tengo que hacer un esfuerzo consciente para no mirar hacia abajo y comprobar si mi reacción es tan evidente como temo. —Lo mismo digo —consigo responder, aunque mi voz suena más ronca de lo normal. Luego se gira hacia Pepa y la saluda con esa galantería de otro siglo que he visto ...
... en las películas pero nunca en la vida real. Le besa la mano como si fuera una duquesa, y por un momento me siento como si estuviera viendo una escena de una película en la que yo soy solo un extra. Pero entonces vuelve a dirigirse a mí. —Miguel, debo confesarte algo. Durante todas estas semanas de mensajes,tenía tanta curiosidad por conocerte a ti como por conocer a Pepa. «Ahí está. Lo ha dicho. Ya no hay vuelta atrás». —¿Ah, sí? —es lo único que consigo decir, como un adolescente torpe en su primera cita. —Sí. Hay algo en tu forma de escribir, en tu humor, que me resulta increíblemente atractivo. Joder. Lo ha dicho. Sin rodeos, sin subterfugios. Increíblemente atractivo. Y lo peor de todo es que a mí me parece increíblemente atractivo que me lo diga. «Miquel, tío, tienes sesenta y cinco años. ¿De verdad te estás sonrojando porque un hombre te ha dicho que eres atractivo?» Sí. Eso es exactamente lo que estoy haciendo. Los siguientes minutos transcurren en una nebulosa de conversación trivial, pero no puedo dejar de ser consciente de cada gesto de Enrique, de cada sonrisa, de cada vez que su mirada se posa en mí. Es como si hubiera despertado de un letargo de sesenta y cinco años y de repente fuera consciente de un lenguaje corporal que nunca había aprendido a leer. Cuando propone que vayamos a bailar, mi primera reacción es pánico puro. Yo no bailo. Nunca he bailado. Bueno, algún vals forzado en bodas, pero nada que pueda remotamente ...