1. Pepa y yo: Descubrimientos a los 65


    Fecha: 04/09/2026, Categorías: Bisexuales Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos

    ... llamarse baile.
    
    Pero Pepa ya está aceptando, y antes de que pueda protestar, me encuentro en la pista de baile rodeado de cuerpos que se mueven con una sensualidad que me pone los pelos de punta.
    
    Ver a mi mujer bailar con Enrique es... es exactamente lo que esperaba. Erótico hasta el punto del dolor. Sus cuerpos se mueven juntos como si llevaran años practicando esa danza, y la forma en que él la mira, la forma en que la toca...
    
    Pero lo que no esperaba era que Enrique me incluyera en la ecuación.
    
    De repente siento sus manos en mi espalda, acercándome hacia ellos, y me encuentro en medio de un sándwich humano donde yo soy el relleno.
    
    «Esto es surrealista. Esto no puede estar pasando. Miquel, director de oficina bancaria jubilado de Valencia, no puede estar en un club de Barcelona, emparedado entre su mujer y un hombre que podría ser modelo de ropa interior».
    
    Pero está pasando. Y lo más surrealista de todo es que me gusta.
    
    Me gusta sentir el calor de Enrique contra mi espalda. Me gusta la forma en que sus manos se mueven por mi torso. Me gusta que Pepa me mire con esa expresión de sorpresa excitada, como si estuviera viendo una faceta mía que ni ella conocía.
    
    Porque yo tampoco la conocía.
    
    Cuando una mujer espectacular se acerca a bailar con Pepa, y veo a mi mujer reaccionar con una naturalidad que me sorprende, me doy cuenta de que esta noche está llena de revelaciones.
    
    Pero la mayor revelación llega cuando la mujer se va y quedamos Enrique y yo ...
    ... solos en la pista durante unos segundos.
    
    Sus manos están en mi cintura, sus ojos clavados en los míos, y por un momento tenso y eterno, creo que vamos a besarnos.
    
    Y joder, quiero que pase.
    
    Quiero saber cómo saben sus labios. Quiero saber si su barba incipiente raspa como imagino. Quiero saber si besa como parece que debe besar: con pasión, con control, con esa seguridad que transpira por cada poro.
    
    Pero Pepa vuelve antes de que pase nada, y el momento se rompe como una burbuja de jabón.
    
    «Mejor así», me digo, aunque mi cuerpo protesta ruidosamente por la interrupción.
    
    Cuando Enrique propone retirarnos al reservado, siento una mezcla de terror y anticipación que me recuerda a la primera vez que me acosté con Pepa hace cuarenta años.
    
    Pero esto es diferente. Esto es territorio completamente inexplorado.
    
    El reservado es exactamente lo que esperaba: elegante, íntimo, diseñado específicamente para pecados de adultos. La cama de sábanas púrpura domina el espacio, la bañera promete placeres acuáticos, y las velas crean una atmósfera que dice claramente: «aquí van a pasar cosas que no podrás contarle a tus nietos».
    
    Los primeros minutos son de tanteo. Los tres sabemos por qué estamos aquí, pero nadie sabe exactamente cómo empezar.
    
    Entonces Enrique rompe el hielo de la forma más directa posible.
    
    —Miguel, ¿te molestaría que besara a tu mujer?
    
    «Directo al grano. Me gusta».
    
    —En absoluto —respondo, y me sorprende lo fácil que sale la respuesta—. De hecho, ...
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