1. Pepa y yo: Descubrimientos a los 65


    Fecha: 04/09/2026, Categorías: Bisexuales Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos

    ... llevo toda la noche esperando verlo.
    
    Es verdad. Llevo toda la noche con una excitación latente, esperando ver a mi mujer en brazos de este hombre que ha conseguido despertar en mí cosas que no sabía que existían
    
    Cuando Enrique besa a Pepa, es como ver una película pornográfica en directo. Sus labios se encuentran con una pasión que me pone la piel de gallina, y por el movimiento de sus mejillas puedo ver perfectamente cómo están intercambiando saliva con sus lenguas como dos adolescentes en celo.
    
    «Joder, mi mujer está morreándose con otro tío delante de mis narices y yo aquí, más caliente que un radiador en enero», pienso mientras siento cómo se me endurece el miembro.
    
    Sus manos exploran el cuerpo de mi mujer con una reverencia que me resulta increíblemente erótica, pero cuando veo cómo la mano de Enrique desciende hasta agarrar las nalgas de Pepa, y cómo ella reacciona restregándose contra él con un gemido que reconozco perfectamente, algo se me remueve en el estómago.
    
    «Vale, Miquel. Esto es raro. Se supone que deberías estar celoso, no excitado como un quinceañero viendo su primer porno».
    
    Pero lo que más me sorprende es que no siento celos. En absoluto.
    
    Al contrario. Siento... orgullo.
    
    «Orgullo de qué, exactamente? ¿De que tu mujer de sesenta y dos años esté poniendo cachondo a un tío de cuarenta y cinco que podría estar con mujeres veinte años más jóvenes? Definitivamente eres un caso para estudio, Miquel».
    
    Orgullo de que ese hombre increíble ...
    ... esté disfrutando de mi mujer. Orgullo de que Pepa esté reaccionando de esa manera tan apasionada. Orgullo de formar parte de esto, aunque sea como espectador privilegiado de mi propia vida sexual surrealista.
    
    Al menos por ahora.
    
    Cuando Enrique comienza a desnudar a Pepa con esa delicadeza erótica que solo tienen los hombres que realmente saben lo que hacen, yo me quedo hipnotizado.
    
    Sus manos son obra de arte. Largas, elegantes, seguras. La forma en que acaricia la piel de mi mujer, la forma en que ella reacciona a su tacto...
    
    «Joder, este tío sabe lo que hace».
    
    Y entonces, cuando menos me lo espero, me incluye en la ecuación.
    
    —Miguel, ven aquí. Quiero que toques a tu mujer mientras yo la acaricio.
    
    No es una petición. Es una orden suave, pero una orden al fin y al cabo.
    
    Y yo obedezco como un adolescente obediente.
    
    Mis manos encuentran los pechos de Pepa con una delicadeza que no sabía que poseía, sintiendo cómo sus pezones se endurecen bajo mis palmas mientras una oleada de calor me recorre el cuerpo. Al mismo tiempo, las manos expertas de Enrique exploran la espalda de mi mujer con movimientos lentos y calculados, dibujando círculos sensuales que la hacen arquearse ligeramente hacia adelante.
    
    Es entonces cuando ocurre la magia: de repente estamos los tres conectados en una red intrincada de caricias que trasciende todo lo que había experimentado antes. Mis dedos acarician la suave piel de los senos de Pepa, sintiendo cómo su respiración se acelera, ...
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