1. El círculo. Cap.35. Todo lo que viene después


    Fecha: 16/09/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... techo, donde Darío la tomaba con una mezcla perfecta de ternura y hambre. Aún sentía su cuerpo dentro del suyo. Las marcas en los muslos. Las uñas en su espalda. El temblor en las piernas que no se le quitaba del todo. Pensó en meterse directo a la regadera, pero entonces la vio.
    
    Ximena estaba sentada en el sofá, con los brazos cruzados, las piernas recogidas, una cobija sobre los hombros. Tenía los ojos rojos. Enrojecidos, no de llanto reciente, sino de algo más. Pupilas dilatadas, el parpadeo lento, la piel de la cara brillosa, sucia, esa forma que tiene el cansancio químico de colarse hasta los huesos.
    
    Isabella se quedó paralizada en el recibidor, con la bolsa colgando de un brazo y el tacón a medio quitar.
    
    —¿Xime?
    
    La jóven no respondió. Solo la miró. Una mirada seca, sin filtro. Isabella dejó la bolsa. Se acercó.
    
    —¿Estás bien?
    
    —¿Dónde estabas?
    
    —Con tus abuelos. Se me alargó el día. Pensé que te habías quedado en casa de tu papá con Miriam.
    
    —¿A casa de quién?
    
    La voz de Ximena sonó hueca. Quebrada. Pero con filo.
    
    —En casa de… —Isabella tragó saliva. No terminó.
    
    Pasó un segundo largo. Entonces Ximena se levantó del sillón. La cobija cayó al piso. Llevaba una camiseta vieja de su madre, con las mangas recortadas y una mancha de maquillaje en el escote. Sus piernas temblaban un poco. Caminó hacia Isabella.
    
    —Tú los dejaste entrar.
    
    Isabella frunció el ceño.
    
    —¿Quiénes?
    
    —A todos.Tú los dejaste entrar.
    
    La voz le subió de tono, ...
    ... quebrándose en cada palabra como si cada sílaba costara esfuerzo.
    
    —Tú abriste la puerta. A Damián. A Valeria. A los policías. A los periodistas. A todos. Tú los dejaste. Me abriste para que me vieran. Para que me usaran.
    
    —No —susurró Isabella, acercándose—. No digas eso…
    
    —¡Tú! —gritó Ximena, con la cara desencajada—. ¡Tú la dejaste morir! ¡Tú la dejaste sola y a mí me dejaste con ella! ¡Yo estaba ahí, mamá, yo la ví en la caja! ¡Yo la toqué cuando ya no respiraba! ¡Y tú no estabas!
    
    Isabella se acercó. Quiso tocarla, abrazarla. Ximena la empujó con fuerza.
    
    —¡No me toques!
    
    La empujó con las dos manos. Isabella trastabilló, casi cayó sobre la pared.
    
    —¡No me toques! ¡No finjas que te importo ahora!
    
    —Xime…
    
    —¡Ni siquiera sabías que estaba drogada, ¿verdad?! —soltó ella, los ojos brillosos de furia, de algo más hondo que la rabia—. ¡No te diste cuenta! ¡Nunca te das cuenta de nada! ¡Estás tan ocupada jugando a los amantes que se te olvidó ser mamá!
    
    Isabella tragó en seco. Las palabras eran cuchillas. La estaban desangrando.
    
    —No digas eso…
    
    —¡Lo digo porque es verdad! —siguió ella, agitada, respirando por la boca, como si acabara de correr una maratón—.Nunca te importé. Lo único que te importa es que nadie se entere. Lo que digan de ti. Lo que piensen de ti. ¡Que no manchen tu reputación de mujer fuerte!
    
    Isabella lloraba ya. No a gritos. No con alaridos. Lloraba con esa clase de llanto que se resbala solo. Como si la piel ya no pudiera retener ...
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