1. El círculo. Cap.35. Todo lo que viene después


    Fecha: 16/09/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... más.
    
    —Lo siento —susurró.
    
    —Tarde.
    
    Y sin decir más, Ximena dio media vuelta. Se encerró en su cuarto con un portazo que retumbó en las paredes. El eco quedó flotando. La cobija seguía tirada en el suelo.
    
    Isabella se quedó de pie, sola, en medio del pasillo. Llorando. Desnuda por dentro.
    
    Fue hasta la cocina. Se sirvió un vaso de agua que no tomó. Luego fue al baño, cerró la puerta. Encendió la luz. Se miró en el espejo.
    
    Su reflejo le pareció ajeno. Tenía el rimel corrido, el cuello con una marca roja donde Darío la había mordido, la boca hinchada de tantos besos. En los ojos… nada. Vacío. Como si toda la identidad que se había construido con tanto esfuerzo se hubiera fracturado en segundos.
    
    Tomó el celular. Marcó a Valeria. No contestó. Marcó a Damián. Tampoco.
    
    Entonces apagó el celular. Se sentó en el piso del baño. Abrazó sus propias rodillas.
    
    No era que no quisiera luchar. No era que quisiera rendirse. Pero esa noche, por primera vez, sintió lo que más temía:había fallado. Como madre. Como mujer. Como todo.
    
    Y aún así, sabía que al día siguiente se levantaría. Pero no sabía cómo.
    
    __
    
    El sol entraba por las rendijas altas, sin permiso ni ceremonia, pintando el aire con líneas gruesas de polvo y tiempo. No había incienso. No había música. Ningún coro clandestino murmurando letanías. Solo silencio. Un silencio tan puro que parecía recién construido.
    
    Damián empujó la pesada puerta con una sola mano. El crujido metálico se arrastró por las ...
    ... paredes desnudas del antiguo salón del Círculo. El lugar estaba limpio, demasiado limpio. Sin rastro de las antiguas ceremonias, sin restos de cera derretida ni mantos negros colgando de las vigas. Ya no había columnas con símbolos. No había tronos laterales ni espejos deformantes. Sólo las baldosas antiguas —esas sí— seguían ahí. Cada una con un grabado distinto. Nombres. Sellos. Siluetas. Una geometría ancestral que resistía hasta al olvido.
    
    Damián caminó despacio. No tenía prisa. Sus pasos resonaban con eco irregular, como si el mismo espacio dudara en reconocerlo. Llevaba una gabardina oscura, el rostro serio, las manos libres. No había traído celular. No había cámaras. Nadie sabía que estaba ahí.
    
    Pasó la punta de los dedos por una pared. Sentía la humedad leve de los muros, esa frialdad terrosa que tienen los lugares sin alma. Pero algo en su mirada decía que no lo veía como ruina. Lo veía como semilla.
    
    Esto no ha muerto. Solo mutó.
    
    Siguió caminando hasta llegar al centro. El lugar exacto donde Lorenzo solía estar. Donde los iniciados lo rodeaban. Donde se decidían pactos, exilios, muertes. El círculo del Círculo.
    
    La silla central seguía en su sitio. Era más sobria de lo que parecía en los recuerdos. Madera oscura. Sin símbolos. Sin respaldo alto. Sin oro ni terciopelo. Solo un asiento. Pero el aire alrededor de ella era distinto. Más denso. Más cargado.
    
    Damián se sentó.
    
    Sintió el crujido de la estructura. Sintió también algo más: el peso. No físico. ...
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