1. Cogidita de la Mano


    Fecha: 19/09/2026, Categorías: Hetero Voyerismo Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... quien se acerca a un altar, no a una mujer.
    
    Maribel lo escuchaba venir, sentía su respiración agitada en la nuca, y no se movía. Estaba erguida, firme, con la espalda desnuda ofrecida sin temblores.
    
    —Así no —susurró ella cuando lo sintió a centímetros—. Si vas a acercarte, hazlo con la cabeza en alto. Mírame como un hombre. No como un ladrón.
    
    Diego obedeció. Levantó la cabeza. La miró.
    
    Y en esa mirada había más que deseo. Había vergüenza, arrepentimiento… y una devoción que rozaba lo infantil. Como si ella fuera castigo y redención a la vez.
    
    Maribel se agachó con lentitud, hasta quedar de rodillas sobre el suelo tibio de la terraza. Apoyó las palmas, luego los codos. Se recostó boca abajo con la calma de quien no tiene nada que ocultar, el cuerpo entero expuesto bajo la luz muda del hotel, y sin perder jamás el control.
    
    Lo miró por encima del hombro, el rostro sereno, casi blando, pero los ojos firmes.
    
    —Ahora ya sabes lo que se siente cuando no hay escondites —dijo con voz baja, clara—. Cuando todo es visible. Cuando yo decido qué ves… y cuándo.
    
    Diego asintió, apenas. No se movió.
    
    Dueña del silencio. Dueña de su cuerpo. Dueña de la vergüenza ajena.
    
    Y de esa mirada que ya no se atrevía a parpadear.
    
    Diego respiraba con fuerza. La escena frente a él tenía algo de sueño, algo de castigo, algo de confesión. Y en medio de esa mezcla, su cuerpo reaccionó sin permiso. Dio un paso. Luego otro. Y entonces, la cercanía fue inevitable.
    
    Se arrodilló a ...
    ... su lado, tembloroso, como quien cruza un umbral invisible. No dijo nada. Solo se inclinó, despacio, hasta que sus labios rozaron el hueco del cuello de Maribel.
    
    Ella no se movió. Ni lo detuvo.
    
    Diego cerró los ojos, aspirando su olor, el calor de su piel, la tensión invisible que vibraba entre ambos. Besó el contorno de su oreja con torpeza contenida, como si aún dudara de si aquello era real. Como si lo que hacía pudiera desvanecerse con un solo gesto de ella.
    
    Pero Maribel no habló. No lo miró. Solo permaneció ahí, tendida, respirando con lentitud. Dominando el ritmo. Permitía… pero no cedía.
    
    Era ella quien tenía el control, incluso en el silencio.
    
    Y Diego lo sabía. La huele y al tiempo la besa, suavemente, su cuello su espalda, no usa sus manos y finalmente llega a sus nalgas. Mete su nariz en medio y Maribel lanza su primer gemido de la noche, arqueo la espalda en señal de continuidad y Diego comenzó a lamer su ano, su lengua acaricia los bordes y al llegar al centro intenta meterla tanto como puede en su interior.
    
    Maribel disfrutaba cada caricia oral de Diego, por momentos pasaba su lengua por debajo hasta tocar los labios vaginales de Maribel, contemplando la diferencia de sabores. Maribel alcanza un orgasmo rápido y potente que la deja desplomada sobre el suelo. Sin embargo, rápidamente se recupera y entiende que ahora debe ser ella la responsable de corresponder el placer recibido, se da la vuelta y se sienta con las piernas cruzadas, es una posición ...
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