1. Cogidita de la Mano


    Fecha: 19/09/2026, Categorías: Hetero Voyerismo Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... difícil para diego pero rápidamente entiende las intenciones de ella. Se desnuda con prisa, como quien no quiere perder la oportunidad que se le está presentando. Se acerca levemente inclinado de sus rodillas y Maribel lo espera con la boca abierta.
    
    Maribel quiere que sea él quien lleve el ritmo así que espera pacientemente. Diego un poco incomodo solo mantiene la punta dentro de la boca de ella, su pene se le sale por momentos y ella se divierte viendo como él intenta nuevamente meterlo dentro, equivocándose por momentos y haciendo que su pene acaricie el rostro de ella. Eso le da tiempo a Maribel para observarlo y detallarlo, tiene unos testículos enormes en comparación con el pene, llenos de pelo le cuelgan como dos enormes bolas de peluche. A Maribel se le sale una risa leve.
    
    Maribel se acuesta boca arriba con las piernas abiertas, Diego se abalanza sobre ella y la penetra de un solo empujón, demasiado excitado, con demasiada prisa. Lo metía con desesperación mientras ella se divertía mirando su cara de placer. Aun así estaba llevándola a un segundo orgasmo, su miembro la llenaba por completo a una velocidad extrema, ella gemía exponiendo su aliento caliente sobre su rostro. Las bolas que antes había detallado las sentía con cada golpeteo en su zona intima.
    
    Maribel alcanzó su clímax. Pero le permitió a él alcanzar su orgasmo propio, no tardó mucho en inundar su interior con semen caliente y espeso. Después, el silencio ...
    ... volvió. Denso. Distinto.
    
    Maribel permanecía acostada, aún con el cuerpo tibio y los músculos sueltos. Diego estaba a su lado, pero no tocándola. Solo cerca. Mirándola como si no supiera muy bien qué hacer con la cercanía. Como si le costara entender que ella, esta vez, no se había ido.
    
    La brisa en la terraza soplaba leve, colándose entre las barandas, moviendo apenas una hoja suelta de un arbusto seco. Abajo, Bogotá seguía su rutina nocturna de sirenas lejanas y motores fatigados. Pero allá arriba, el mundo se sentía suspendido.
    
    —¿Y ahora qué? —preguntó Diego, sin mirarla.
    
    Maribel se incorporó despacio. Se sentó al borde del suelo, cruzando los brazos sobre las rodillas. Encendió otro cigarro. Exhaló.
    
    —Ahora nada —respondió—. Sigues en el hotel. Yo también.
    
    —¿Y Emma?
    
    Ella giró apenas el rostro hacia él con una sonrisa.
    
    Él asintió, con la vergüenza entera regresando a su cuerpo como un sudor frío. Ella lo miró unos segundos más, con la calma de quien sabe exactamente lo que dice y por qué.
    
    —No me equivoqué contigo —agregó ella, casi en un susurro—. Sabía que eras de los que miran desde los bordes. Pero esta vez fuiste invitado.
    
    Diego tragó saliva. No dijo más.
    
    Y entonces, Maribel se levantó. Se vistió con parsimonia, como quien termina una ceremonia. Recogió el cigarrillo a medio consumir, lo apretó entre los labios, y caminó hacia la escalera.
    
    Antes de bajar, lanzó una última mirada a la ciudad. 
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