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Hospital comarcal (8)
Fecha: 25/09/2026, Categorías: Hetero Autor: Ricardo Lomas, Fuente: TodoRelatos
... perfectamente ensayada. Se miraron y se rieron las cuatra. —Se nota que vais en bloque —dije acompañando sus risas. —Hombre, después de cuatro años sufriendo juntas, como para no —saltó Sara, con un punto ácido que empieza a caerme bien. —¿Y tú, Julio? —preguntó Lucía, esta vez clavando su mirada en mí. Tenía la copa en la mano pero no bebía. Me observaba. Me evaluaba—. Se nota que tú tampoco eres de aquí. —No, no… He venido a trabajar. En el hospital. Es lo que me ha tocado —respondí, bajando el tono. Su mirada me desarmó un poco. —¿Eres médico? —preguntó María, abriendo mucho los ojos. —¡Al palo! —respondí, divertido, dando un trago a mi copa—. Aunque parezca mentira… soy enfermero. Jeje. Y mi amiga también. Trabajamos juntos. —Vaya, vaya... —dijo Andrea, entornando los ojos y estirando la sílaba con intención—. Eres un saco de sorpresas, ¿no? —Bueno, no sé si saco… pero alguna sorpresa sí que guardo. —¿Y qué tal eso de trabajar en un hospital? —preguntó Sara, inclinándose un poco hacia mí—. Tiene que ser durillo, ¿no? —Lo es —respondí con sinceridad, sin irme a lo dramático—. Pero también tiene algo adictivo. Es jodido y real, sobre todo, real. Nada de filtros. Nadie finge cuando está jodido de verdad. Y eso… te cambia. Hubo un pequeño silencio. De esos que no son incómodos, pero sí densos. Como si todas hubieran bajado un cambio para procesar la respuesta. —Pues qué valor —dijo Andrea, asintiendo despacio—. Yo no podría. —Yo ...
... tampoco —añadió María, sin despegar los ojos de la copa—. Ya con una analítica me muero de pánico. —Yo con llevar el uniforme un rato me conformaría —bromeó Sara, soltando una carcajada que contagia al grupo. Lucía no se rió. Levantó un poco los labios dejando adivinar unos dientes preciosos. Me mantuvo la mirada un instante más de lo prudente, y entonces dijo: —Debe ser curioso ver la vida desde ese lado, ¿no? —Curioso... y a veces demasiado revelador. Lo bueno es que te curas de muchas tonterías. Lo malo… es que luego te cuesta soportarlas fuera. Lucía asientió sin responder. Como si entendiera más de lo que dice. Se terminó la copa de un trago lento, dejando el vaso en la barra y abanicándose con la mano. —Hace un calor insoportable aquí dentro. —Muchísimo —secundó Andrea, agitando su melena suelta. —¿Salimos a respirar un poco? —sugerí, como quien no quiere la cosa. Lucía no dice nada. Solo se giró, cogió su bolso del respaldo del taburete y se puso en pie. —Vamos. Las demás la siguieron, como si su gesto fuese ley. Y así, sin esfuerzo, sin prisas, sin sobreactuar, salía del local con mi nuevo grupo . Dejando atrás la música, los flashes y el calor de cuerpos bailando. Dejando atrás a Virginia, que —lo sabía sin mirar— habrá sentido el movimiento. Pero tengo una cosa clara: Lucía ha decidido dejarme entrar. 46 Daniel era guapo, eso no se podía negar. Alto, moreno, brazos marcados sin llegar al nivel “chuletilla de gimnasio” (aunque ...