1. Hospital comarcal (8)


    Fecha: 25/09/2026, Categorías: Hetero Autor: Ricardo Lomas, Fuente: TodoRelatos

    ... probablemente sí pasaba más horas ahí que en casa), camiseta ajustada y colonia intensa, de las que gritan su presencia a dos metros de distancia. El clásico heterobásico.
    
    Sabía perfectamente lo que estaba haciendo. No era ninguna novata en esto. Le ponía los ojos como si me interesara cada chorrada que decía —que si el press banca, que si su entrenador personal, que si había dejado los fritos por “una rutina de déficit”—, y de vez en cuando le rozaba el brazo con la yema de los dedos, justo lo suficiente para que el ego de Daniel hiciera el resto.
    
    Porque sí, estaba jugando. Pero en modo fácil.
    
    Julio, en cambio, no.
    
    Lo veía de reojo mientras fingía reírse de un comentario sin gracia de su presa. Julio se había acercado al grupo de chicas con una naturalidad que me pareció nueva, parecía que el juego estaba funcionando. Se le veía un poco más confiado. Más ligero. Como si algo se hubiese desbloqueado dentro de él. Y no me gustaba admitirlo, pero algo en eso me calentaba.
    
    No por una cuestión de celos. Más bien era por ego. Sabía que era yo la que había despertado ese lado de Julito y me ponía muy caliente pensar que esta noche dependía de mí lo que podía ocurrir. Y ahora, mientras lo veía charlando con esas cuatro chicas —todas guapitas, de risas fáciles y con copas en la mano—, era consciente de que ni ella conocía el desenlace de la historia que había iniciado.
    
    La chica que había escogido era guapísima y, por un momento se imaginó empujándole a saltarse la ...
    ... única norma del juego. En realidad, eso le ponía perrísima. Julio y ella no estaban destinados a encontrarse —al menos eso creía— y por qué hacerle perder la oportunidad de “triunfar” con semejante bombón. Lo que pasa es que ella también quería entrar en el juego.
    
    Él la señaló una vez. Luego otra. Seguro que estaba usándola como excusa, contándoles que lo habían dejado tirado o algo por el estilo. Se lo imaginaba perfectamente: la cara de corderito bueno, su sonrisa tímida, el discurso de “ella solo es mi amiga, pero…”. Una estrategia muy de Julio. Muy efectiva.
    
    Daniel apoyó la espalda contra la pared de la zona menos iluminada de la discoteca. Virginia, delante de él, jugueteaba con su copa mientras lo miraba como si estuviera valorando una compra impulsiva en una tienda cara.
    
    —¿Sabes lo que más me gusta de estas discotecas? —dijo Daniel, bajando un poco la voz, como si fuera a compartirle un secreto.
    
    —¿Las marcas de alcohol? —respondí, divertida.
    
    —Que las chicas van a muerte. No se andan con rodeos.
    
    Virginia sonrió con un toque canalla. Le gustaba tener el control de la conversación, pero también sabía dejar que el otro creyera que lo tenía.
    
    —¿Y tú? ¿Eres de de ir a muerte?
    
    Daniel dio un sorbo a su copa. Tenía los ojos clavados en mi escote.
    
    —A mí me gusta que me dejen claro lo que quieren. Las medias tintas me aburren.
    
    Me acerqué un poco más. Ya estaba lo bastante cerca como para que él sintiera el calor de mi cuerpo. Le pasé un dedo por el ...
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