1. Hospital comarcal (8)


    Fecha: 25/09/2026, Categorías: Hetero Autor: Ricardo Lomas, Fuente: TodoRelatos

    ... borde de la copa, como si dibujara algo.
    
    —Pues tenemos un problema tú yo. Porque todavía no sé lo que quiero.
    
    —Entonces eres peligrosa —dijo él, con una media sonrisa arrogante—. Pero de las que dan gusto.
    
    —No te emociones. De momento estás solo aprobando el examen teórico —le susurro al oído.
    
    Daniel rio y dejó su copa en una mesita alta. Luego le puso las manos en la cintura con total naturalidad, como si ya tuviera derecho.
    
    —¿Y cuándo pasamos al práctico?
    
    Levanté la mirada y lo dejé en suspenso un segundo. Luego bajé los ojos hacia su boca, como si se lo estuviera planteando, antes de responder con voz baja:
    
    —Sorpréndeme.
    
    Él se lanzó, pero ella giró la cabeza en el último momento, dejando que sus labios solo rozaran su mejilla.
    
    —Dije que me sorprendieras, no que fueras predecible.
    
    Daniel se mordió el labio, como si le encantara el juego, aunque estuviera empezando a frustrarse. Yo aproveché para pegarme más, marcando con mis caderas un leve movimiento contra él, sin dar más de lo estrictamente necesario.
    
    —¿Te estás riendo de mí? —preguntó él, medio entre risas y deseo.
    
    —Me estoy entreteniendo. Que no es lo mismo.
    
    Y entonces lo ví.
    
    Todo el grupo se levantó y salió con Julio. Así, sin más. Sin que pareciera forzado. Apreté los labios. Se lo estaba currando. Mucho.
    
    Daniel no entendía nada. Pero tampoco hacía falta. Bastaba con que le sonriera, con que le dejara ver un poco más de pierna mientras bailaba, con que me acercara lo ...
    ... justo para que creyera que tenía el control. Spoiler: no lo tenía. Nunca lo tuvo.
    
    —¿Tú entrenas? —me preguntó al oído, mientras me rodeaba la cintura con una mano tan ancha como torpe.
    
    —¿Por qué? —respondí, ladeando la cabeza hacia él.
    
    —Tienes muy buen culo —dijo sin más, directo, como si fuera un piropo que hubiese practicado en el espejo del vestuario.
    
    —¿Sí? Pues imagínatelo haciendo sentadillas —le solté con una sonrisa y una mirada que mezclaba burla y promesa.
    
    Eso fue suficiente para que se le hinchara el pecho y me apretara un poco más.
    
    Me dejé hacer. Un momento. Unos segundos. Hasta que sentí cómo su mano se deslizaba lenta hacia la parte baja de mi espalda, buscando más de lo permitido.
    
    Entonces me pegué más a él. Deliberadamente. Como si aceptara el juego. Le hablé al oído con una voz que no se parecía nada a la que uso con Julio.
    
    —¿Te gustan las chicas que saben lo que quieren?
    
    Daniel tragó saliva.
    
    —Muchísimo.
    
    Puse mis manos sobre su pecho, y lo empujé un poco hacia atrás, marcando el ritmo. Él creía que era parte del baile, pero en realidad necesitaba aire. Porque la cabeza se me estaba yendo hacia otra parte. Hacia fuera. Donde Julio y la misteriosa chica se habían perdido.
    
    Intenté reconectar con el cuerpo que tenía delante. Con el sudor de Daniel, con sus labios acercándose sin permiso.
    
    —¿Y tú sabes lo que quieres, Daniel?
    
    Él asintió levemente, pero no dijo nada. Estaba mirando descaradamente a mi escote.
    
    —Tienes pinta de ...
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