1. Hospital comarcal (8)


    Fecha: 25/09/2026, Categorías: Hetero Autor: Ricardo Lomas, Fuente: TodoRelatos

    ... hacer muchas repeticiones —le dije, deslizando un dedo por su bíceps.
    
    —Las que hagan falta —respondió, hinchándose aún más.
    
    —¿Y sabes parar cuando toca? —pregunté, como quien lanza un anzuelo.
    
    —Solo si me lo pides con cariño.
    
    Solté una risita leve. Un ruido sin alma. Daniel era muy guapo. Muy fácil. Y eso tenía su encanto, podría haberle dejado que me besara ahí mismo. Que me metiera en el baño y repetir alguna escena antigua de mi época universitaria. Una más. Pero no era eso lo que me apetecía. No esta noche.
    
    Así que dejé que su mano bajara un poco más. Solo lo justo para excitarme. Y cuando noté que se crecía, le agarré la muñeca y se la llevé a su propio muslo.
    
    —Relájate, campeón. Todavía estamos calentando.
    
    Él sonrió, convencido de que eso era parte del juego.
    
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    Salimos de la discoteca y lo primero que hice fue mirar, sin ningún disimulo, cómo el vaquero claro de Lucía le recogía el culo. No era grande. Pero lo llevaba bien. Lo sabía mover.
    
    De delantera no iba sobrada —nada que ver con Virginia, que tenía el tipo de pecho que pide quedarse en casa y olvidarse del mundo—, pero Lucía tenía un morbo discreto, casi intelectual. Lo que más me atraía de ella no era su físico, aunque me ponía. Era cómo se movía, cómo me miraba mientras hablaba, ese punto de seguridad medido que parecía esconder algo más. Como si detrás de cada gesto hubiese una bomba bien guardada.
    
    Justo entonces, Andrea —la de la horquilla— dijo algo tipo “Lucía, ahora vengo, ...
    ... voy al baño” y todas las amigas desaparecieron con la excusa perfecta.
    
    Nos quedamos solos. Ella y yo.
    
    Se giró hacia mí.
    
    —¿Te está gustando Cartagena? —le pregunté con una sonrisita pícara.
    
    —Pues hasta hoy no demasiado —dijo ella, encogiéndose de hombros—. Estaba buscando una oportunidad para olvidar al imbécil de mi ex. Pero los chicos del sur son demasiado pesados…
    
    —¿Y yo? ¿Estoy dentro de ese grupo?
    
    —De momento vas por buen camino —y se acercó medio paso. Su perfume me acarició—. ¿Nos sentamos?
    
    Cruzamos un par de palabras más mientras buscábamos un banco bajo una farola tenue, justo al borde del puerto, donde el agua oscura parecía moverse al ritmo de la noche cartaginesa.
    
    Ella se sentó primero. Cruzó las piernas despacio, como si no hubiera prisa. Me senté a su lado, ligeramente girado hacia ella. Nuestras rodillas casi se rozaban. Su perfume era envolvente. Sutil. El tipo de olor que se pega en la memoria.
    
    —¿Hace cuánto lo dejasteis? —le pregunté, bajando un poco la voz.
    
    —Dos meses o así. Una amiga me mandó unas capturas en las que él estaba tirándole la caña por Insta. Un asqueroso, vamos. Si es que al final sois todos iguales.
    
    Solté una risilla resignada.
    
    —Bueno, algunos somos un poco menos gilipollas.
    
    —¿Ah, sí? ¿Estás seguro? —se inclinó hacia mí, su boca casi tocando mi cuello.
    
    —Segurísimo.
    
    En ese momento tuve que contenerme para no besarla. Lo juro. Me ardían los labios, los dedos, el pecho. Pero me limité a llevar la mano ...
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