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Hospital comarcal (8)
Fecha: 25/09/2026, Categorías: Hetero Autor: Ricardo Lomas, Fuente: TodoRelatos
... a su nuca y empezar a acariciarle el pelo despacio. Dedos suaves, atentos, deslizándose entre sus mechones oscuros, en movimientos circulares sobre su cuero cabelludo. Calmando la situación. Como quien prepara el terreno. Lucía cerró los ojos, ladeó un poco la cabeza y suspiró. —Tienes buenas manos —susurró, como si fuera un secreto. —No lo sabes bien —respondí con media sonrisa, sin parar el masaje. —Pues me gustaría descubrirlo. —Dijo eso girándose, y quedó con su boca peligrosamente cerca de la mía. A tiro. Literalmente a milímetros. La miré. Tragué saliva. —Yo también acabo de salir de “una relación” —le confesé, bajando la voz aún más—. Igual no es la mejor idea. —Estoy de vacaciones. Tú estás en tus días libres. ¿Qué hay de malo en pasarlo bien un ratito? —No puedo. Me miró con esos ojos oscuros, como si no entendiera. Como si nadie le hubiera dicho que no en mucho tiempo. Entonces su mano empezó a moverse. Primero sobre su muslo, y luego, muy lentamente, sobre el mío. Hasta que su palma quedó apoyada suavemente en mi pierna. —¿Qué juego te traes con la chica? —preguntó, sin apartar la mano. —¿Quién? —Vamos, no me mientas. Os he visto desde que entrasteis en la discoteca. Al principio estabais muy pegaditos y, de repente, cada uno os habéis ido por vuestro camino. Me encogí de hombros, jugando a la indiferencia. —Qué observadora. —No te juzgo. Ella es espectacular. —Solo es una amiga. Lucía me miró ...
... fijamente. —¿Entonces por qué no me besas? Se colocó justo delante de mí. Su cara quedó a escasos centímetros de la mía. Rozando. Nariz con nariz. Ni un ápice de duda en sus movimientos. Pero tampoco tenía intención de lanzarse. Era una provocación medida, fría, calculada. Al final era ella la que estaba jugando conmigo. —Porque perdería el juego —susurré. —Pues es una pena que no le des una alegría a tu amigo —dijo ella, acariciándome de nuevo, esta vez un leve toque, apenas perceptible, justo sobre la cremallera del pantalón. Mi cuerpo entero se tensó. Mi prominente erección comenzó a crecer lentamente hasta que se hizo evidente el efecto de sus palabras y de su roce —Hoy no puedo —repetí, casi suplicando. —¿Cuál es el reto? —dijo, volviendo a jugar con mis límites. —No te lo voy a decir. —Claro que me lo vas a decir —dijo, con una nueva caricia, lenta, notando la dureza de mi miembro. Tragué saliva otra vez. El corazón bombeaba como si hubiese corrido media ciudad. —Ligar con alguien sin liarse con él. Si alguno de los dos cae, pierde el reto. Lucía sonrió, como si lo supiera desde el principio. Parecía bastante contenta porque se le había abierto otro reto. Ser la tentación perfecta. Yo sabía que me lo iba a poner muy difícil. —Justo lo que me imaginaba. Mírame. Nos quedamos frente a frente —Me pone muy perra vuestro juego. Pero te lo pienso poner muy difícil. Y entonces, justo entonces, me vibró el móvil. Era Virginia. Pantalla ...