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Hospital comarcal (8)
Fecha: 25/09/2026, Categorías: Hetero Autor: Ricardo Lomas, Fuente: TodoRelatos
... encendida. Su nombre. Lucía lo vio. No dijo nada. 48 Acababa de romper la baraja. Me temblaban ligeramente las manos después de mandar el mensaje. Pero no era nerviosismo. Era puro subidón. Mi plan había salido a la perfección. Sabía que Julio iba a entrar en el juego, pero no me imaginaba que lo haría tan bien. No solo había elegido a la adecuada, sino que además se le notaba otra cosa: hambre. Un hambre que desde que nos cruzamos con Clara no había vuelto a mostrar. Mi plan no era acostarme con Julio, había maneras mucho más fáciles de hacerlo y, francamente, eran menos divertidas. Mi plan era meter a una tercera persona y empujar a Julio hacia su lado más salvaje. Ese que me había contado cuando volvió de echar un polvo con Clara. Sabía que, cuando apretabas las teclas correctas, era un chico dominante. Y eso me ponía. Mucho. Todo se había precipitado para ese momento. Daniel me estaba aburriendo ya. No por feo —porque no lo era—, ni siquiera por tonto —aunque tampoco destacaba—, sino porque no guardaba ningún misterio. Era el típico chico de gimnasio que lleva años creyéndose protagonista de su propio videoclip de reguetón. Y bueno… esta noche esa pequeña fantasía me venía bien. Para usarla. Para calentar el ambiente. La canción cambió a algo más lento, más cargado. Caderas, bajos graves y letras que no hacía falta escuchar. Le di la espalda a Daniel en mitad de la pista. Y sus manos, que antes estaban en mi cintura, empezaron a bajar. Lentas. ...
... Casi ceremoniosas. Y terminaron donde quería: en mi culo. Se quedaron ahí. Acariciándolo. Apretando un poco más con cada compás. No hice nada por impedirlo. Al contrario. Empecé a moverme al ritmo, pegándome a él. Sintiendo cómo su polla empezaba a despertar bajo sus vaqueros ajustados. Notaba su respiración en mi cuello. Las luces de la discoteca parpadeaban como si nos apuntaran. Su cuerpo detrás del mío era grande, musculado, tenso. —Qué culito tienes —me dijo casi en un gemido mientras me restregaba el miembro descaradamente. Y entonces entró la siguiente canción. Un reguetón simple y sucio que no admitía ambigüedades y menos en esta situación. El bajo me atravesó las costillas. Me di media vuelta otra vez, le guiñé un ojo a Daniel, y volví a darme la vuelta para restregarme contra él. Esta vez sin filtro. Dejé que mi culo encajara justo con su polla sintiendo cómo se iba endureciendo poco a poco. Su respuesta fue inmediata: las manos se dirigieron a mis caderas y siguieron subiendo hacia mi vientre. Me sujetaba fuerte, intentando llevar el ritmo, pero estaba claro que le costaba. Bailar bien requiere algo más que músculo. Me reí por dentro. Entonces, cuando lo sentí bien caliente —casi desesperado—, me giré levemente hacia él y le dije, bajito: —Tengo que ir al baño. Y sin más, me escabullí entre la gente. Sabía que vendría. No me hizo falta mirar atrás. A estas horas ya no había mucha gente en el baño. Me miré al espejo. El vestido estaba ...