1. ¡A mi edad! ¡Quién me lo iba a decir...!


    Fecha: 03/10/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: AlbertoXL, Fuente: TodoRelatos

    ... y a ambos los había amado. El primero fue mi primer novio, un don Juan con quien me divertí mientras estudiaba en la universidad, pues me había autoimpuesto no tener novio hasta entonces. El segundo fue mi esposo, a quien conocí durante Roland Garros, en Paris. De modo que había tenido que cumplir sesenta y un años para conocer al tercer varón de mi vida, un chico apenas mayor de edad y que, no obstante, era el mejor de todos.
    
    Habían pasado tantos años desde la última vez que había olvidado lo bien que se sentía. Pero no era solo eso, sino que tenía una edad en la que creía que el sexo ya no tenía interés, pues no creía que pudiese experimentar nada nuevo al respecto. De manera que Alberto no sólo me quitó las telarañas de ahí abajo, sino también la venda de los ojos, demostrando cuánto me quedaba por aprender sobre mi propia sexualidad.
    
    Tal como les ocurre a muchas mujeres, me había acomodado a la ausencia de deseo al mismo tiempo que a la de la menstruación. Claro que aún no había descubierto que, en mi caso, la menopausia iba a suponer una liberación en muchos sentidos, algo que experimentan muchas mujeres.
    
    No sé en qué clasificación encajo, y no me arriesgaré a emplear la jerga médica sobre el tema. Tengo un doctorado y uso el título de Doctora delante de mi nombre, pero mi doctorado es en Literatura, no en Medicina. De todos modos, quiero insistir en que mi deseo sexual disminuyó hasta desaparecer mucho antes del divorcio y la menopausia.
    
    Mi exmarido y yo ...
    ... rara vez tuvimos sexo durante los últimos años de nuestro matrimonio, cosa que a ambos nos parecía bien. Quizás si hubiera salido con alguien después del divorcio, habría descubierto que podía disfrutar del sexo de nuevo, pero eso nunca lo sabré.
    
    El caso era que mi jardinero me estaba follando y yo estaba extremadamente mojada, con lo que mi placer era insólito. Estaba pasmada, avergonzada de sentir tanto placer merced a un chico con quién, en condiciones normales, jamás hubiese tenido relaciones. El placer que me daba su vigor era tan embriagador que empecé a empujar hacia él, deseando sentirle más adentro.
    
    Por su parte, Alberto emitía los gruñidos propios de los hombres, afirmando de tanto en tanto lo bien que se sentía mi sexo y lo pringoso que le estaba poniendo. Parecía tan desconcertado como yo de que una señora de mi edad fuese tan receptiva.
    
    Evité gemir para no empeorar las cosas. No quería que el chico supiera el placer que me estaba dando, pero al final, cuando el frenesí alcanzó su zenit, no pude evitarlo. Mis gemidos prorrumpieron con estruendo, al igual que mis exigencias, súplicas y alabanzas hacia su formidable miembro viril, que solo sirvieron para animarle a desinhibirse.
    
    — ¡Dios! —gemí cuando, al enterrar su polla hasta el fondo, el chico logró que alcanzase un inusitado orgasmo, el primero desde hacía meses.
    
    ¡¡¡UMMMM!!!
    
    El chico me había metido dos de sus sucios y malolientes dedos en la boca. Todavía recuerdo el aroma a gasolina y lo ...
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