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La Bestia del Monte Nevado
Fecha: 03/10/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos
... inmediato. Solo jadeos, lamidas para limpiarse mutuamente… Y la certeza de que esto ya no era posesión. … La guarida se convirtió en un santuario de sudor, gemidos y pieles revueltas. El mundo exterior dejó de existir. Solo importaban los cuerpos, el calor y el ritmo lento de una unión que ya no era conquista, sino ceremonia. Su enorme cuerpo encajando sobre el de Kaju como una sombra viva. Sus labios azules se posaron sobre los suyos, y esta vez, el beso no fue una toma, sino una invitación. Sus lenguas se entrelazaron, explorando rincones ya conocidos pero con una curiosidad renovada. Cuando su erección estuvo en su punto más firme, Hahu se sentó sobre él, conectándolos en un movimiento fluido. Kaju jadeó, pero no por sorpresa—sino por la familiaridad mejorada y era verdad. Su cuerpo bestial, tan distinto al de cualquier humano, se movía sobre el suyo con una precisión que no debería ser posible. Como si hubieran sido tallados de la misma roca oscura del monte. No hubo prisa. No hubo finales apresurados. Solo: Movimientos lentos, casi perezosos, donde cada embestida se sentía como la primera y la última. Bocas pegadas, compartiendo aliento, saliva y a veces hasta mordiscos que dejaban marcas en labios y mentones. Manos explorando, no con urgencia, sino con la dedicación de quien memoriza un territorio sagrado. Se detuvieron solo para lo esencial: ·Comer: Hahu le pasaba trozos de carne seca o frutas directamente a su boca, a veces masticándolos primero ...
... como si aún fuera un cachorro que necesitaba ayuda. ·Beber: Del mismo cuenco, el agua fresca del manantial que sabía a minerales y a los labios de ella. ·Dormir: Enredados como raíces, con Kaju enterrado en su pelaje y Hahu roncando suavemente contra su cuello. En algún momento del segundo día, Kaju entendió algo: Esto no era sexo. Era algo más antiguo. Una bestia y su humano. Una montaña y su río. Dos criaturas que ya no sabían dónde terminaba una y empezaba la otra. Hahu lo miró fijamente mientras se movía sobre él, sus ojos negros brillando con algo que no era solo lujuria. —¿Lo sientes?— le preguntó, clavando las garras en sus hombros. Kaju no supo qué responder. Pero lo sintió. Una corriente entre ellos. Como si el monte los hubiera unido no por casualidad, sino por designio. Cuando por fin colapsaron, exhaustos pero satisfechos, Hahu lo envolvió con su cuerpo y su pelaje. Fuera, la luna llena brillaba sobre el Monte Nevado. —Duerme— ordenó, pero esta vez, su voz sonó casi como una súplica. Kaju cerró los ojos. Y por primera vez en su vida, no soñó. Porque ya estaba exactamente donde debía estar. El pueblo olía a humo de motor y miedo. Kaju caminó por las calles que una vez recorrió como un hombre común, pero ahora las piedras bajo sus pies parecían extrañas, como si la tierra misma lo rechazara. Todo había cambiado. Sus labios, una vez rosados, ahora eran del mismo azul oscuro que los de Hahu, tatuados con líneas gruesas que contaban ...