1. Secretos Ocultos: Mi Esposa, Mi Sobrino y Su Madre


    Fecha: 03/10/2026, Categorías: Dominación / BDSM Incesto Intercambios Autor: lordlunatico, Fuente: SexoSinTabues30

    ... volvieron más desesperados parecían dos animales en celo buscando su propio clímax.
    
    Luis se tensó de placer y de tres empujones fuertes se liberó dentro de Rebeca. Ella comenzó a temblar de placer, Rebeca se apartó, dejando salir el pene de Luis, y dijo:
    
    —Luis, siempre me dejas tan satisfecha —dijo Rebeca, dejando ver cómo escurría el semen de Luis de su vagina.
    
    Rebeca se acomodó su tanga, la cual tenía de lado, y se bajó y acomodó su mini vestido mientras Luis se subió su pantalón. Luego, Luis y Rebeca se dirigieron a la sala. Al entrar, se encontraron conmigo, que estaba sentado en el sofá, disimulando.
    
    —Hola, Carlos. ya llegaste lleva mucho esperando —preguntó Rebeca, nerviosa.
    
    —No, acabo de llegar —respondí,
    
    —Ah, bueno. ¿Quieres algo de beber? —preguntó Rebeca, intentando disimular su nerviosismo.
    
    —No, gracias. Solo vine a recoger a Nestor —dije, mirando a Luis, quien parecía igualmente incómodo.
    
    —Vale, subo a buscarlo —dijo Luis, dirigiéndose a las escaleras.
    
    Mientras Luis subía, Rebeca y yo nos quedamos en silencio por un momento. La tensión en el aire era palpable.
    
    —Rebeca, ¿estás bien? —pregunté, tratando de sonar casual.
    
    —Sí, sí. Todo bien —respondió ella, forzando una sonrisa.
    
    Luis bajó con Nestor, quien parecía ajeno a todo lo que había sucedido.
    
    —Ya estoy listo, papá —dijo Nestor, con una sonrisa.
    
    —Perfecto. Vamos —respondí, poniéndome de pie.
    
    —Gracias por todo, Rebeca. Nos vemos pronto —dije, dirigiéndome a la ...
    ... puerta.
    
    —Claro, Carlos. Cuídense —respondió Rebeca, con una voz que intentaba sonar natural.
    
    Salimos de la casa y nos dirigimos al coche. Durante el viaje de regreso, no pude evitar pensar en todo lo que había visto y oído. La imagen de Rebeca y Luis en la zotehuela se repetía una y otra vez en mi mente.
    
    Unos días después, mientras estaba en mi casa, escuché a Ana hablando por teléfono en la habitación contigua. Aunque no quería espiar, no pude evitar prestar atención a su conversación.
    
    —Aparentemente, no sospecha nada —dijo Ana, con un tono de voz nervioso.
    
    —No sé, amor. Creo que sea lo mejor —respondió Luis al otro lado de la línea.
    
    —Ok, de acuerdo. Luego hablamos —dijo Ana, terminando la llamada.
    
    Me quedé helado. ¿De qué estaban hablando? ¿Qué era lo que no debía sospechar? La mente me daba vueltas con todas las posibilidades.
    
    Ana se acercó a mí, con una expresión sospechosa y nerviosa.
    
    —Carlos, necesito pedirte un favor —dijo, tratando de sonar casual.
    
    —¿Qué necesitas? —pregunté, tratando de mantener la calma.
    
    —Necesito ir a recoger unas cosas a casa de Rebeca este fin de semana. ¿Me acompañarías? —preguntó Ana, con una voz que intentaba sonar natural.
    
    —¿Para qué necesitas ir? —pregunté, tratando de no levantar sospechas.
    
    —Necesito recoger unas cosas que dejé allí. Pero si no puedes, lo entiendo —respondió Ana, con una expresión nerviosa.
    
    Pensé un momento. Sabía que algo no estaba bien, pero necesitaba más información. Decidí que lo mejor ...
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