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La esencia del deseo 1: el regalo de mi prima
Fecha: 16/10/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... tenían tapa con corcho. Tenía una etiqueta escrita a mano con tinta negra. Decía: "欲香 – Yùxiāng". —¿Perfumes?—pregunté, más para mí que otra cosa. —Así parece —dijo Ailén, arrimando su cabeza encima de mi hombro. De atrás de una cortina hecha con hilos de seda, salió un hombre mayor. Chino, sin dudas. Pelo lacio, atado en una colita, y una barba rala que apenas le cubría el mentón. Tenía puesta una remera blanca vieja y un delantal manchado de tinta. Me miró con una sonrisa breve. —Perfume especial —dijo con acento marcado, señalando el frasquito que yo tenía en la mano—. No como otros. —¿Qué significa esto? —le pregunté, mostrando la etiqueta. 欲香. —Se dice Yùxiāng. Significa "esencia del deseo" —explicó, como si pronunciara algo sagrado. Mi prima se había alejado, viendo otros estantes, así que no escuchaba nuestra conversación. Además, el viejito hablaba bajo. —¿Y es como un... afrodisíaco? —No afrodisíaco. No magia. Química. Química secreta. Pero... fuerte. Muy fuerte si piel adecuada. —¿Cómo que depende de la piel? —pregunté. —Cada cuerpo distinto. Si piel muy seca, no activa. Si pH muy ácido... aroma se rompe. Si piel muy fría, como piedra, aceite no sube. Pero si piel caliente, porosa, con sebo activo... —chasqueó los dedos— ...entonces reacciona. Yùxiāng se mezcla con sudor, sebo natural, y ahí aroma verdadero aparece. No es igual en todos. Me miró las manos, después me tocó suavemente la parte interna del brazo, como si analizara ...
... la temperatura. —Vos bien. Piel tibia, buena circulación, transpiración media. Reacciona. —¿Y qué hace exactamente? —No hace amar. No hipnotiza. Pero... despierta. Confunde. Da curiosidad. Quien huele no sabe por qué... pero quiere acercarse. Quiere placer. —¿Me está diciendo que es para despertar excitación en quien lo huele? —Sí —respondió él—. Pero debe haber algo antes… otro hombre no sentir deseo al oler. Excepto que… Hizo un gesto con la mano y rio, como imitando a un homosexual. Por suerte Ailén no lo vio, porque le pondría los puntos enseguida. Yo no le creía nada, obviamente, pero me gustaba cómo me estaba vendiendo el producto, así que le seguí la corriente. Volví a oler el frasquito. Era raro: un fondo de madera húmeda, algo floral, pero con un dejo animal, como un aroma escondido que se revelaba apenas. No era agradable como un perfume comercial. Era... instintivo. —¿Y se usa cómo? —Poco. Muy poco. Aquí —dijo, señalándose justo debajo de la oreja—. O aquí, muñeca. No más. Si usás mucho... confunde mucho. Y pueden ser muy… peligrosos. —¿Qué? —dijo de repente Ailén, acercándose de nuevo—. ¿Viniste al Barrio Chino para comprarte un perfume? —No, solo estaba viendo —le dije. —A ver —dijo ella. Agarró el perfume, lo abrió, se puso un poco en el dedo y lo llevó a mi cuello. Luego me lo olió. Sentir su nariz tan cerca me hizo cosquillas. —Es riquísimo —dijo—. Mejor que un Paco Rabane. No lo puedo creer. ¿Cuánto está? —preguntó ...