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La esencia del deseo 1: el regalo de mi prima
Fecha: 16/10/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... después, dirigiéndose al vendedor. —Quinientos pesos. Oferta, oferta —dijo el tipo. —Ni loco —dije yo. —No seas termo. Es baratísimo: Es muy buen perfume, y un frasco así te dura todo el año —explicó mi prima, que parecía otra vendedora del local. —Sí, pero yo no tengo esa plata ahora —dije. —Te lo compro yo. Igual tu cumple es en un par de semanas. Este va a ser mi regalo, por adelantado. Fue en vano decirle que no. Cuando a Ailén se le metía algo en la cabeza, no había quien se la sacara. Le pagó al viejito. Este me miraba con una sonrisa diabólica, y hasta me guiñó un ojo. Después de un rato, volvimos en colectivo. Parte del trayecto que teníamos que hacer era el mismo, así que viajamos juntos por una hora. Nos sentamos en el fondo —Con respecto a lo de tu novio… —le dije después de un rato—. La verdad, no me gusta nada. No me gusta cuando te enredás con idiotas como ese, que solo ven en vos un par de tetas. —Ya lo sé —dijo ella—. Es que… a veces creo que no sé valorarme. —Vos valés mucho. Podés tener al tipo que quieras. Y lo sabés. —Quizás me quedó el trauma de haber sido la flacucha a la que nadie quería besar —dijo. —Ahora sos la potra a la que todos se quieren coger —dije yo. Ella rio. De repente se acercó a mí, y me olió el cuello de nuevo. Recordé que el vendedor había señalado solo dos lugares en dónde ponérmelo, pero imaginé que se refería a que debía hacerlo en un lugar estratégico, como cualquier perfume. —De verdad, es ...
... riquísimo —murmuró Ailén. Entonces levantó la vista. Sus preciosos ojos hicieron contacto con los míos. Su boca de labios carnosos y sensuales estaban a centímetros de la mía. Actué por instinto. Me acerqué apenas un poco. Nuestros labios se encontraron. Luego ella separó los suyos, y yo le metí la lengua, que enseguida se encontró con la de ella, y empezaron una danza íntima. Pero eso no fue todo. De repente, sentí su mano moviéndose por mi pierna, para luego encontrarse con mi verga. La tenía durísima, y ella la palpó con devoción. En el colectivo iban muchos pasajeros, y algunos podrían vernos sin problemas, pero a ella no parecía importarle. Entonces, aprovechando lo desatada que estaba, también usé mi mano. Fui al encuentro de sus tetas. Estrujé una con suavidad. Se sentía como tocar el cielo con las manos. —Tenía muchas ganas de hacer esto —dije, cuando nos separamos—. Digo… a besarte. No a tocarte las tetas. O sea, eso también, pero… De repente me soltó, y se puso a llorar. —No puedo creer lo que hice —dijo—. Perdón. —¿Por qué pedís perdón? Si me encantó —respondí, acariciando su mejilla. —¿Sos boludo? Tengo novio, y somos primos —dijo, susurrando—. Fue… solo un impulso. Necesito bajarme. —Tranquila, si ya estamos cerca de tu parada. Fuimos en silencio las veinte cuadras que faltaban para que ella bajara. Se veía perturbada, arrepentida. Y yo me sentí culpable por eso. Le dije que solo fue un beso, que no se preocupara. Pero ella seguía ...