1. LNE (13). El bosque prohibido


    Fecha: 18/10/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... de tu vida enamorándote otra vez?
    
    —¿Esto es una trampa?
    
    —Es una pregunta.
    
    —Pensé que estaría más calvo. Y más amargado.
    
    —Estás mucho menos calvo de lo que mereces y más dulce de lo que admites.
    
    Él la miró de reojo, sin girar del todo.
    
    —¿Y tú?
    
    —Pensé que el sexo sería más cinematográfico. Que los orgasmos me cambiarían la vida. Y que los hombres con hijos eran directamente incompatibles con la alegría.
    
    —¿Y?
    
    —Estaba equivocada en todo. —Le dio un beso en la mejilla—. Bueno, excepto lo del sexo. Eso sí mejora con la risa.
    
    ***
    
    Raquel abrió la nevera con el gesto confiado de quien creía tener control sobre su vida, y encuentra un tupper misterioso.
    
    —¿César ha vuelto a almacenar vida alienígena en vinagre? —preguntó en voz alta.
    
    Desde el sofá, Sergio, el hijo de ocho años de César, asomó la cabeza como un hurón curioso.
    
    —No lo abras. Puede que sea el Proyecto Pepinillo.
    
    —¿El qué?
    
    —Estoy entrenando pepinillos para que floten. Como en gravedad cero. Pero no va bien. Uno me saltó al ojo. Mi padre lo llamó “El motín de las conservas”.
    
    Raquel le observó, sin saber si reír, llamar al pediatra o apuntarle a ingeniería aeroespacial.
    
    —Sergio... eso no va a funcionar.
    
    —Eso dijeron de Einstein.
    
    —Einstein no entrenaba hortalizas.
    
    —Tú no estuviste allí, Raquel.
    
    Silencio.
    
    —Como suele decir tu padre, touché.
    
    Raquel cerró la nevera, agarró una cucharilla y se sentó con él en el suelo de la cocina.
    
    —Vale. Pero si los ...
    ... pepinillos empiezan a levitar, me largo a vivir a Cuenca.
    
    —Aceptado. Cuenca o Marte. Lo que ocurra primero.
    
    Y así pasaron la tarde, diseñando un casco para pepinillos con plastilina y dos tapas de yogur.
    
    ***
    
    Una pequeña tormenta se desató con una notificación de última hora.
    
    —“Oye, al final paso yo a por Sergio hoy. Una mamá del cole me ha dicho que te vio con alguien. Mejor que no lo vea tanto por ahora, ¿vale?”
    
    Un mensaje escueto de Esther. Sin emojis. Ni una tilde de cortesía. Solo esa frialdad gramática que manejan las ex con experiencia en tortura diplomática.
    
    César lo leyó dos veces. El móvil no explotó, lo cual fue una lástima.
    
    Raquel estaba en su cocina, descalza, masticando unas aceitunas con el mismo desdén con el que se abordan los trámites notariales. Llevaba una camiseta vieja con una frase en francés que decía algo como "El queso también llora". Nadie entendía por qué.
    
    —¿Todo bien? —preguntó, sin girarse, pero sabiendo perfectamente que no.
    
    —Esther. Dice que pasa ella a buscar a Sergio. Cambio de planes. Ya sabes.
    
    Raquel arqueó una ceja.
    
    —Ah, ¿la musa de lo pasivo-agresivo? ¿Ha vuelto a componer?
    
    —Sólo está... nerviosa. Con el niño, quiero decir.
    
    —Claro. Seguro que lo hace por amor a Sergio. No porque le moleste que su ex tenga una novia que no lleva jersey de alpaca ni cita a Paulo Coelho.
    
    —Raquel…
    
    —Yo sólo interpreto los signos. Soy como el horóscopo pero con menos ambigüedad.
    
    Él suspiró. Raquel tragó la ...
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