1. LNE (13). El bosque prohibido


    Fecha: 18/10/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... aceituna.
    
    —¿Sabes qué es lo peor? —añadió ella— Que si me sintiera una amenaza real para ella, me lo tomaría como un halago. Pero lo hace porque te quiere joder a ti, no a mí. Y eso es más deprimente que un lunes sin café.
    
    ***
    
    Días después, Sergio, con su energía de Pokémon sociológico, dejó caer una bomba casual en el coche:
    
    —Mamá dijo ayer que Raquel se ríe como si quisiera molestar a todo el barrio. Pero a mí me caes bien. Eres como una bruja buena, aunque mi madre diga que tienes tetas falsas.
    
    Raquel giró la cabeza lentamente, como quien escucha su nombre en una sesión de espiritismo.
    
    —¿Una bruja buena? —repitió con sorna.
    
    —Con tetas falsas—reafirmó Sergio, como quien habla de hechos científicos.
    
    César se atragantó con su propia saliva.
    
    —Genial. Dentro de una semana te dibujan en la reunión de padres como la tía Tetabrújula del barrio —dijo ella, fingiendo orgullo—. ¿Dónde está mi varita? Voy a convertir la custodia compartida en una batalla medieval.
    
    -Papá, ¿qué son tetas falsas? ¿Puedo tener unas?
    
    ***
    
    —¡No quiero hacer más deberes! —gritó Sergio, el cuaderno volando por el aire como un pájaro derrotado.
    
    Raquel apretó los puños. Había dormido poco, había discutido con César, y ese día el café no le supo a nada. Se giró.
    
    —¡Pues no los hagas! Seguro que los astronautas tampoco sabían dividir – gritó, con cajas destempladas. Quizá demasiado.
    
    El silencio que siguió fue un cristal que se rompió en cámara lenta. Sergio bajó la ...
    ... mirada. Ella, de inmediato, se sintió una villana improvisada.
    
    —Lo siento —susurró, agachándose—. A veces me olvido de que también soy nueva en esto.
    
    El niño la miró. No lloró. Solo la abrazó. Y en ese gesto, todo el ruido se volvió más llevadero.
    
    ***
    
    Raquel y Sergio estaban solos en casa, y llovía fuera. Era uno de esos domingos que huelen a sopa y a tiempo detenido.
    
    Raquel le lanzó una chancla.
    
    —¡Cuidado! Esa es Avelina. Tiene sentimientos.
    
    Sergio miró la chancla, luego a ella.
    
    —¿Le pones nombre a tus chanclas?
    
    —Claro. ¿Nunca has oído el grito silencioso de una suela olvidada?
    
    Sergio cogió la otra chancla.
    
    —Esta será... Kevin. Y vive bajo tu cama porque… porque… suspendió el examen de inglés.
    
    —¡No! Kevin fue acusado injustamente. La profesora le tenía manía Avelina le protegió durante el juicio.
    
    —¿Qué juicio?
    
    —¡El juicio de las sandalias! Fue televisado. En mi mente.
    
    Y entonces se pasaron media hora creando el tribunal de calzado, con peluches como jueces y la cuchara de madera como fiscal.
    
    César llegó más tarde, abrió la puerta y vio a su hijo interrogando una zapatilla con voz grave, mientras Raquel hacía de testigo con un calcetín en la mano.
    
    —¿Paso más tarde?
    
    Raquel lo miró.
    
    —No. Kevin necesita tu testimonio. Tú viste la suciedad en el talón. Di la verdad, César.
    
    Él suspiró. Dejó las llaves. Se sentó.
    
    —Está bien. Juro decir la verdad, nada más que la verdad... Nunca me cayó bien ese calcetín Siempre miró el ...
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