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LNE (13). El bosque prohibido
Fecha: 18/10/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... llegado a revelarse del todo. César apareció con dos cafés para llevar y le alargó un bol con muesli, que había decorado con una fresa cortada en forma de corazón. Un gesto tan ridículo y adorable que Raquel parpadeó como si necesitara reiniciar emocionalmente. —¿Qué es esto? ¿San Valentín para gente con tensión en los esfínteres? —Es un desayuno simbólico. Representa la dulzura de haberlo intentado. Y la fibra que necesitamos ambos después de anoche. Raquel rio por la nariz, intentando no escupir su café. —Eres un idiota encantador. —Me esfuerzo. Aunque el corazón de fresa era por si tenía que compensar el trauma de la vaselina. Se sentaron a comer como si nada, pero todo era distinto. No por el acto en sí —que, en términos técnicos, había sido más ensayo que obra—, sino por lo que había quedado flotando en el aire: una complicidad nueva. Un espacio que antes estaba lleno de ironías, ahora contenía también respeto y ternura. Y, sí, una leve incomodidad muscular. Unos días después, en el coche, mientras esperaban a que el semáforo cambiara, Raquel miró a César de reojo. —Me siento rara. —¿Rara tipo "me estoy enamorando", o rara tipo "no puedo sentarme del todo bien todavía"? —Un poco de ambas. Pero más bien… como si me hubieras visto demasiado. En serio. Me cuesta aún entender que no te rieras de mí. —Raquel, lo que me diste fue... una confianza brutal. Me hiciste sentir dentro de tu cuerpo y de tu miedo. ¿Cómo podría reírme de eso? Ella ...
... giró la cabeza, como si algo le molestara en el retrovisor, y masculló: —Sigues teniendo frases de anuncio de compresas, pero... gracias. Él sonrió, sin decir nada. Le dejó masticando el silencio, que ella nunca tragaba fácilmente. —A ver —dijo de repente—. Es verdad que no fue perfecto. Pero me gustó estar contigo. Intentar. Fallar contigo fue mejor que triunfar con otros. —¿Eso significa que habrá segunda convocatoria? —preguntó César con voz de alumno esperanzado. —No sé. Quizá. Pero la próxima vez... lo haremos con casco, manual de instrucciones y consentimiento firmado ante notario. Pasaron días, y algo se asentó entre ellos. Ya no había prisa. El sexo se volvió aún más cálido, más libre. Se reían más. Se abrazaban sin necesidad de que el abrazo fuera preludio de nada. Raquel, aunque aún hacía chistes autodefensivos, dejó de comparar su cuerpo con una nevera retro. César, por su parte, dejó de temer a su propia intensidad. Y aunque tardaron en retomar el experimento escandinavo —como ambos lo habían bautizado—, se convirtió en un recuerdo compartido, un código privado. Algo suyo. Un chiste. Un hilo invisible. Una forma distinta de empezar a compartir. A comprenderse. Puede que a quererse. *** Domingo, sofá, manta y series británicas que ninguno entendía del todo. Raquel, en ropa interior y camiseta de César, le acariciaba la nuca con la lentitud de quien escribe algo sin apurarse. —¿Tú alguna vez pensaste que estarías en esta etapa ...