-
LNE (13). El bosque prohibido
Fecha: 18/10/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... trasero de mi novia como si quisiera darle una palmada… Sergio sonrió. Raquel también. Y el juicio continuó. Kevin fue absuelto. No por falta de pruebas, sino porque el jurado concluyó, por unanimidad, que suspender un examen de inglés no era el fin del mundo *** Una noche, César y Raquel estaban en su sofá. Él le acariciaó la espalda con ese gesto ausente del que no quiere parecer distante pero está repasando mentalmente la logística emocional de su semana. Raquel lo notó. Porque claro que lo notó. Tenía un radar emocional de cuarta generación. —¿Estás disponible de verdad? —preguntó de pronto, sin rodeos— ¿O eres de los que están medio libres, como los asientos del metro con mochila encima? César la miró, desconcertado. —¿Eh? —Eso. Que si eres divorciado emocional o sólo un okupa sentimental en una casa que ya no es tuya. —No es tan fácil, Raquel. Esther… Esther sabe dónde presionar. —Claro. Y yo no quiero convertirme en el mueble que hay que esconder cuando llega la visita. —No lo eres. —A veces lo parezco. Silencio. —No quiero exigirte más de lo que puedes dar —añadió ella, más suave—. Pero si para sobrevivir a tu ex tengo que ser invisible, entonces tú no estás realmente conmigo. Solo me estás alquilando los fines de semana. César bajó la cabeza. Raquel se incorporó, le dio un beso corto, casi fraternal, y se fue al baño. Desde el sofá, él escuchó el agua del grifo, el silencio cargado. Y el eco del hueco que ...
... ella había dejado en el cojín. *** Un día cualquiera, sin eventos. Sin drama. Solo dos cuerpos en una cama, con café, migas y olor a vida compartida. Raquel le acariciaba la espalda mientras él leía en voz alta un artículo absurdo sobre “personas que se casan con sí mismas”. —¿Y tú? —preguntó él—. ¿Te casarías contigo? —No. Me dejaría plantada por ansiedad y luego me pediría perdón por mensaje. —Te gusto más que tú misma, ¿eh? —Un poco. Pero no se lo digas a nadie. A veces hasta me olvido de que esto se puede acabar. Él se giró, le cogió la cara con una mano, como si pudiera enmarcarla. —Yo también. No se dijeron más. Porque no hacía falta. *** El bombardeo pasivo-agresivo de Esther se volvió más frecuente. Notas como: “Sergio ha dicho que cenó pizza otra vez en tu casa. ¿Podrías intentar que no lleve una dieta diseñada por las Tortugas Ninja?” “¿No crees que es pronto para que una desconocida le lleve al cole? Él necesita estabilidad. Y tú claramente no la tienes.” Raquel no decía nada, pero cada frase dejaba huella. Sus bromas se volvieron más ácidas, más automáticas. Como una armadura hecha con sarcasmo. Una tarde, mientras doblaba su ropa en silencio, él preguntó: —¿Te pasa algo? Raquel lo miró con una mezcla de cariño y agotamiento. —No. Solo estoy tratando de ser esa mujer madura que no se ofende por las ex, los niños, las pizzas congeladas y los mensajes pasivo-agresivos. Pero se me está acabando el material de ...