1. LNE (13). El bosque prohibido


    Fecha: 18/10/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... irse.
    
    Y entonces Raquel se fue. Sin drama. Sin portazos emocionales. Solo con esa calma melancólica de quien sabe que dejar ir también puede ser amor.
    
    ***
    
    César recogió la pelota de Sergio y se sentó. El niño apareció saltando, sin entender del todo la grieta invisible que se había instalado entre su padre y la mujer que le caía bien.
    
    —¿Papá? —preguntó inocente.
    
    Él lo abrazó.
    
    —Todo está bien. Solo estoy aprendiendo a amar sin equivocarme cada tres meses.
    
    Y el parque quedó lleno de futuros inciertos, decisiones maduras y silencios que pesaban más que cualquier palabra.
    
    —¿Raquel se ha ido porque yo he hecho algo mal?
    
    César le miró, con ese nudo en la garganta que no sabía disfrazar.
    
    —No, campeón. No has hecho nada mal. A veces los adultos... también se equivocan. Pero no es culpa tuya.
    
    Sergio asintió, abrazando su mochila.
    
    —¿La vas a arreglar? Como cuando me cosiste el muñeco.
    
    —Lo voy a intentar. Aunque esta vez... no tengo aguja.
    
    Y el niño, en su sabiduría infantil, dijo:
    
    —Yo tengo botones de sobra, por si te sirven.
    
    ***
    
    La cocina de Esther tenía esa luz ingrata de fluorescente que volvía todo más lento, como si el tiempo mismo dudara en avanzar. Sobre la mesa, dos tazas de té sin tocar y una carpeta abierta dejaban claro que nadie estaba ahí para disfrutar de la velada. La conversación no era nueva, pero esta vez se había deslizado más abajo en la garganta, rozando ese punto sensible que sólo duele cuando uno ya no puede ...
    ... fingir que no lo siente.
    
    Esther estaba de pie, los brazos cruzados, la mirada fija en César, que se removía incómodo en la silla, haciéndola crujir con cada movimiento.
    
    —No es solo que no le inviten a los cumpleaños, César —dijo ella, sin parpadear—. Le esconden la mochila, le empujan. El otro día le estuvieron insultando todo el recreo. ¿Qué demonios es eso?
    
    César suspiró, con ese susurro que mezcla culpa y desconcierto.
    
    —Los niños son cabrones. Pero cambiarle de colegio... ¿No es precipitado?
    
    Esther alzó una ceja. Ahí estaba esa mezcla letal de sarcasmo y preocupación que César conocía bien.
    
    —¿Precipitado? Lleva meses tragándose cosas. ¿Tú sabes lo que es tener ocho años y que te miren como si fueras un virus?
    
    —Mira, no digo que no sea grave —dijo él, bajando la vista—. Solo… no me lo había contado.
    
    —Claro. Porque tú eres el padre guay —espetó ella—, el que le lleva a las tiendas de tenéis y al fútbol y le compra helado aunque tenga fiebre.
    
    —¿Y eso qué tiene que ver?
    
    —Que no quiere decepcionarte. Que se calla lo que le duele para que solo haya diversión.
    
    Y ahí se instaló el silencio. No de esos que piden una pausa, sino uno que exigía decisiones. De los que pesaban.
    
    —¿Ya has mirado sitios? —preguntó él, casi con miedo a la respuesta.
    
    —Hay uno nuevo —respondió ella, más suave, bajando el tono—. Pequeño, mixto, con ratios razonables. Se llama Colegio Blissot. Está en preinscripción. A Sergio le gustó. Tiene un jardín zen ridículo y una ...