1. LNE (13). El bosque prohibido


    Fecha: 18/10/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... con suavidad. Ella se acomodó en cuatro patas sin ceremonia, porque ya no había distancia. Y aunque lo intentó, nada la preparó para su pasión, su intensidad, su cadencia cada vez más dominante y fiera. Ni para su miembro, claro, que colmaba hasta el fondo de su coño, haciéndole ver las estrellas. En todos los sentidos. Su cuerpo lo absorbió todo, su placer inmediato y vasto. El ritmo de César fue volviéndose más firme, más instintivo. Ella llegó con un espasmo que la desplomó sobre la cama como un juguete desbordado y roto.
    
    Y la noche no había hecho más que empezar.
    
    ***
    
    La librería alternativa de Raquel amaneció con carteles que decían “Ven a encontrar libros que dejan huella – Intercambio cultural”. Mezclado entre el pequeño pero variopinto reparto de personajes que ocuparon la tienda, él apareció con una bolsa de papel. Se saludaron con un beso, y ella le mostró dos tomos polvorientos, ajados y amarillentos, con las páginas dobladas por el uso o la humedad:
    
    —Te traigo “Manual de adiestramiento para perros pequeños” y “Diálogos con extraterrestres: el poder de la trascendencia cósmica”.
    
    César respondió sacando a su vez dos tomos, tan viejos como los suyos: “Psicología de la crítica existencial” y “El arte de hacer reír con papiroflexia”.
    
    Se sentaron en una mesa, milagrosamente libre, envueltos en un halo de misterio y olor a tinta vetusta y papel reseco.
    
    —¿Cuál leerías primero? —preguntó ella.
    
    —El de psicología. Quiero entender la razón de que me ...
    ... soportes.
    
    Ella lo miró con tono de lectora veterana:
    
    —Porque ni siquiera un cactus te resiste. Eres como vinagre de Módena. Fuerte. Agridulce. Omnipresente.
    
    Los dos sonrieron, comentando fragmentos surrealistas de libros serios, y fragmentos solemnes de libros de comedia. Cuando salieron de la tienda ya casi era noche. Afuera llovía suave y Raquel cerró el libro con solemnidad después de la dedicatoria:
    
    —“Nunca dejes de ser incomprensible. Firmado: tu conciencia”.
    
    César se inclinó hacia ella y la corrigió:
    
    —No. “Firmado: mi esperanza”.
    
    ***
    
    En la cocina, mientras Raquel preparaba café, César se le acercó por detrás y la besó en el cuello con suavidad. Ella, con los ojos cerrados, disfrutaba de la sensación, pero en un descuido él metió la mano en el frasco de azúcar y, sin querer, le dejó una huella dulce en el cuello tras una caricia.
    
    —¿Azúcar o miel? —preguntó ella, alzando una ceja, divertida.
    
    —Más bien la marca de la bestia… o de la torpeza con encanto.
    
    Se miraron, con ese brillo pícaro en los ojos, y él aprovechó para bajar un poco más, explorando con la lengua esa huella dulce que ahora era territorio de juego.
    
    —Así que tienes un lado dulce… —murmuró César.
    
    —Sólo para quienes se lo merecen —respondió ella con una sonrisa ladina.
    
    ***
    
    Bastantes noches después, yacían entre las sábanas, sudorosos y satisfechos. Ella, con ese humor mordaz que la caracterizaba, lanzó una pregunta clave:
    
    —Dime la verdad, ¿soy la mejor que has ...
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