1. LNE (13). El bosque prohibido


    Fecha: 18/10/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... conocido o solo una candidata prometedora?
    
    Él la miró, con una sonrisa lenta y ojos brillantes.
    
    —Eres como un enigma envuelto en un puzzle de risas y caricias. Y, créeme, eso es mucho más interesante que la perfección.
    
    Raquel rio, deslizando una mano juguetona por su pecho, disfrutando de la mezcla de ternura y desafío.
    
    —Qué diplomático. ¿No soy la mejor, entonces?
    
    -Es pronto para juzgar.
    
    -Entonces, ¿seguimos siendo un misterio?
    
    —Mientras tú quieras, somos un misterio delicioso.
    
    ***
    
    —¿Te sientes aventurera? ¿Probamos algo… distinto? —susurró César en su oído, como quien ofrece pato a la naranja a alguien que ha vivido a base de macarrones con tomate.
    
    Raquel alzó una ceja. Estaban tumbados en su sofá, ella con una camiseta vieja que decía "Marx was right" y él en calzoncillos. Se besaban y se acariciaban en unos preliminares clásicos, cómodos, cotidianos… y al parecer, peligrosos.
    
    —¿Distinto cómo? ¿Nos disfrazamos de funcionarios de Hacienda? ¿Nos insultamos en latín?
    
    —No, no —dijo él, con esa sonrisa medio culpable y medio canalla—. Me refiero a… algo más físico. Una ruta alternativa.
    
    Ella lo miró, ladeando la cabeza con un escepticismo adorable.
    
    —¿Estamos hablando de “ese” agujero?
    
    —Técnicamente, sí. Pero no quiero presionar. Solo... te lo propongo con cariño. Y lubricante, claro.
    
    Raquel soltó una risa seca.
    
    —Mira, César. Ese es territorio históricamente sellado. No es una zona de libre comercio. Es el Vaticano de mi cuerpo: ...
    ... se habla de él, pero nadie está autorizado a saber muy bien lo que pasa ahí dentro.
    
    —Lo sé. Pero me gustas tanto... Y lo digo sin expectativas. Solo si tú quieres.
    
    Ella lo pensó. Largo rato. Como quien sopesa una hipoteca a treinta años. Y finalmente suspiró.
    
    —Vale. Pero si me desmayo, me tapas con la manta buena y llamas a mi madre.
    
    ***
    
    Raquel estaba tumbada boca abajo en la cama. Se había duchado dos veces. Había olido el lubricante como si fuera vino caro y se había asegurado de que las luces estuvieran tan tenues que ni su sombra parecía segura de estar presente.
    
    —Me siento como en la sala de espera de una colonoscopia, pero con velas aromáticas —bromeó.
    
    César rio suavemente, besándole la espalda con cuidado. Su mano recorría su cintura, bajando con lentitud. Ella temblaba, pero no se retiraba. Su piel blanca parecía casi traslúcida bajo la luz suave. Su trasero, firme y redondo, era como una escultura a punto de colapsar de risa.
    
    —¿Estás bien? —preguntó él, entre susurros.
    
    —Estoy... alerta. Como un gato en una fiesta de fuegos artificiales. Y… curiosa. Aunque tengo la sensación de que esto va a acabar en anécdota, no en gloria.
    
    —La gloria está sobrevalorada. Las anécdotas dan mejores conversaciones.
    
    El ambiente tenía ese punto entre lo erótico y lo ridículo que solo consiguen dos personas que se gustan lo suficiente como para reírse con el culo en alto, literalmente. César besó su espalda, subiendo lentamente hasta los omóplatos, y luego ...
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